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El desaparecido no está vivo ni muerto. El terror continúa en la imposibilidad del duelo. Los sin tumba siguen matando.



El terror de Estado y la desaparición del Sujeto.


Durante las dictaduras, el psicoanálisis mismo fue blanco. No solo se perseguía a los analistas; se perseguía la práctica de escuchar. El régimen totalitario no tolera el inconsciente porque no tolera la división subjetiva. Donde hay sujeto dividido hay posibilidad de disidencia. El terror busca producir sujetos sin interior, transparentes al poder.


La desaparición forzada lleva esta lógica a su extremo obsceno. No solo se mata: se borra. No hay cuerpo, no hay tumba, no hay duelo posible. El desaparecido queda suspendido entre vida y muerte, negando a los sobrevivientes la posibilidad de elaborar la pérdida. El terror continúa operando en la imposibilidad del duelo. Los muertos sin sepultura siguen matando.


El trabajo clínico con sobrevivientes de terror de Estado confronta esta imposibilidad. ¿Cómo hacer duelo de quien no está confirmado como muerto? ¿Cómo simbolizar la desaparición? La experiencia analítica acompaña la construcción de rituales privados, de simbolizaciones posibles donde el Estado negó toda inscripción.

Psicoterapia
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Viendo las adicciones a través del lente lacaniano



Introducción

El presente documento constituye una herramienta de formación y reflexión destinada a profesionales y técnicos que desempeñan funciones de acompañamiento terapéutico con personas en proceso de recuperación de adicciones. Su objetivo es promover el pensamiento crítico sobre la práctica cotidiana, articulando aportes teóricos del psicoanálisis contemporáneo con las exigencias concretas del trabajo de campo.

La introducción de Malone y Goldman Baldwin ofrece un panorama fundamental del enfoque lacaniano sobre las adicciones. Las autoras presentan una crítica rigurosa de los abordajes dominantes —los programas de 12 pasos y las intervenciones farmacológicas— y proponen el psicoanálisis como alternativa viable que no reduce la adicción a una enfermedad a gestionar sino que la reconoce como una forma significativa de sufrimiento humano y una responsabilidad subjetiva.

Los diez puntos que se desarrollan a continuación no pretenden establecer protocolos rígidos ni respuestas definitivas. Por el contrario, buscan funcionar como disparadores para la discusión grupal y la supervisión, facilitando la elaboración colectiva del saber que se produce en la experiencia clínica. Cada punto presenta una idea central derivada de la lectura del texto fuente, seguida de preguntas orientadoras para el intercambio.

El acompañamiento terapéutico ocupa un lugar estratégico en el dispositivo de tratamiento de las adicciones. Comprender el marco conceptual desde el cual se piensa la intervención permite situar mejor la propia función y articular la práctica cotidiana con los objetivos más amplios del tratamiento.

1. Más que una enfermedad a gestionar

La tendencia actual es ver la adicción como un problema médico bajo el lema "la adicción es una enfermedad". Esto parece un avance respecto al moralismo anterior, pero tiene sus problemas. Cuando solo se gestiona una enfermedad, se pierde de vista que la adicción es también una forma significativa de sufrimiento humano y una responsabilidad subjetiva. Estos dos aspectos son componentes críticos del tratamiento.

Tratar la adicción solo como enfermedad puede llevar a buscar soluciones exclusivamente externas: medicamentos que contrarresten otros medicamentos, programas que administren la conducta. Pero algo se pierde cuando el sujeto queda reducido a un organismo que hay que regular. El sufrimiento singular de cada persona, las razones únicas que la llevaron ahí, quedan en segundo plano.

Preguntas para discutir:

  • ¿Cómo equilibramos el reconocimiento de aspectos médicos con la escucha del sufrimiento singular?

  • ¿Qué se pierde cuando solo "gestionamos" la adicción?

  • ¿Las personas que acompañamos sienten que su sufrimiento es escuchado o solo administrado?

Cita: "Es muy fácil perder de vista las dimensiones de la adicción que la hacen no solo una enfermedad a gestionar sino más bien una forma significativa de sufrimiento humano y una responsabilidad subjetiva, ambas componentes críticos del tratamiento de adicciones." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xvii]

Síntesis: La adicción no es solo enfermedad a gestionar. Es sufrimiento singular y responsabilidad subjetiva. Perder esto de vista es perder al sujeto.

2. Los límites de lo que hay

A pesar de las altas tasas de abandono en los programas de 12 pasos y los resultados modestos de las terapias convencionales, hay poca innovación teórica o clínica en el campo de las adicciones. Cada vez más, el tratamiento se aleja de la teorización psicológica y se orienta hacia lo farmacológico: drogas para ayudar a los adictos a dejar las drogas. Espiritualidad, conductismo y farmacología son "extraños compañeros de cama" que dominan el panorama actual.

Como acompañantes, trabajamos dentro de este sistema con sus limitaciones. No se trata de rechazar todo lo existente, sino de mantener una mirada crítica que permita hacer algo distinto cuando sea posible. Saber que los abordajes dominantes tienen límites importantes nos permite no idealizarlos y buscar espacios para intervenciones que incluyan al sujeto.

Preguntas para discutir:


  • ¿Qué limitaciones observamos en los programas y tratamientos donde trabajamos?

  • ¿Hay espacio para hacer algo distinto dentro de las estructuras existentes?

  • ¿Cómo manejamos trabajar en sistemas que no siempre compartimos?


Cita: "Sin validación empírica sustantiva, en este momento, la espiritualidad, los tratamientos conductuales y los enfoques farmacológicos siguen siendo los a veces extraños compañeros de cama elegidos para responder al sufrimiento de los adictos." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xviii]


Síntesis: Los tratamientos dominantes tienen resultados modestos pero poca innovación los desafía. Trabajamos en sistemas imperfectos. Saber sus límites permite buscar grietas.


3. El peligro de la identificación grupal


Los grupos de ayuda mutua exigen que la persona se identifique primero y principalmente como adicto para poder participar. Una consecuencia potencial de esta demanda es la pérdida de la oportunidad de hablar de manera única sobre la historia personal y la especificidad que llevó a la elección de la adicción. Esta singularidad se intercambia por identificaciones sancionadas por el grupo.


Esto no significa que los grupos no ayuden a nadie —claramente ayudan a muchos—, pero hay un costo potencial. Cuando alguien solo puede hablar desde el lugar de "adicto", usando el discurso prescrito del grupo, algo de su particularidad queda silenciado. La persona puede mejorar su conducta pero sin haber encontrado su propia palabra sobre lo que le pasó.


Preguntas para discutir:


  • ¿Observamos personas que adoptan una identidad de "adicto" que parece más del grupo que propia?

  • ¿Hay espacio en los tratamientos para la historia singular de cada persona?

  • ¿Qué se gana y qué se pierde con la identificación grupal?


Cita: "Una consecuencia potencial de esta demanda del grupo es la pérdida de una oportunidad de hablar de manera única sobre la historia personal y la especificidad que llevó a la elección de la adicción. Esta especificidad y responsabilidad subjetiva se intercambia por identificaciones sancionadas por el grupo." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xx]


Síntesis: Identificarse como "adicto" puede ayudar pero también puede silenciar la singularidad. Lo que el grupo da en pertenencia, a veces lo cobra en palabra propia.


4. Tratar drogas con drogas


Si el tratamiento incluye la provisión de drogas (sustitutos o antagonistas) como componente principal, la posición del Otro y la relación del sujeto con el Otro cambia dentro del proceso de tratamiento. Esto modifica radicalmente la posición del clínico. Incluso la metadona implica una posición hacia el Otro: la persona debe ir a buscarla, el Otro la está sosteniendo.


Esto no es necesariamente malo, pero debe ser pensado. Cuando la respuesta principal a una adicción es otra sustancia, algo del vínculo queda mediado por el objeto químico. La persona sigue dependiendo de algo externo para regular su goce. El trabajo de construir otros recursos, otras formas de arreglárselas, puede quedar postergado indefinidamente.


Preguntas para discutir:


  • ¿Cómo afecta la medicación sustitutiva al vínculo terapéutico?

  • ¿Observamos diferencias en personas con y sin tratamiento farmacológico?

  • ¿La medicación a veces posterga preguntas que deberían hacerse?


Cita: "Si el régimen clínico agrega o incluye la provisión de drogas como componente principal del tratamiento, entonces el lugar del Otro y la relación del sujeto con el Otro se modifica dentro del proceso de tratamiento." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xx]


Síntesis: Tratar drogas con drogas cambia el vínculo. La metadona también es una posición hacia el Otro. Lo químico puede postergar las preguntas subjetivas.


5. El efecto específico del sujeto


Los adictos no son adictos a las drogas sino a un efecto que obtienen de las drogas: un efecto-específico-del-sujeto. Este es un efecto que los no-adictos no obtienen de las drogas. Hay una variable dentro del sujeto que determina qué efecto tendrá la droga en esa persona. No se puede diagnosticar por la droga que consume.


Esto tiene consecuencias prácticas importantes: dos personas que consumen la misma sustancia pueden estar buscando cosas completamente diferentes. Los protocolos uniformes que tratan a todos los consumidores de heroína igual, o a todos los alcohólicos igual, ignoran esta singularidad. Como acompañantes, podemos estar atentos a qué busca cada persona específicamente en su consumo.


Preguntas para discutir:


  • ¿Conocemos qué efecto específico busca cada persona en su consumo?

  • ¿Tratamos igual a todos los que consumen la misma sustancia?

  • ¿Qué nos han enseñado las personas sobre lo que encuentran en la droga?


Cita: "Es mi convicción que los adictos no son adictos a las drogas, sino que son adictos a un efecto que obtienen de las drogas: un efecto-específico-del-sujeto. Este es un efecto que los no-adictos no obtienen de las drogas." [Loose, citado en Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxviii]


Síntesis: No hay adicción a la droga sino a un efecto singular. Lo que cada quien encuentra ahí es único. No se puede diagnosticar por la sustancia que consume.


6. La adicción no es una categoría diagnóstica


Desde el marco lacaniano, la adicción funciona dentro de las estructuras diagnósticas existentes. No constituye su propia categoría diagnóstica. Una persona es neurótica o psicótica, y también puede sufrir una adicción. Es de fundamental importancia establecer con qué estructura psíquica se está trabajando, porque el tratamiento de la adicción será diferente según la estructura subyacente.


Esto desafía la tendencia a tratar "la adicción" como si fuera una sola cosa. Un neurótico que consume para obtener un plus de goce necesita un abordaje distinto que un psicótico para quien la droga cumple función de regulación. Como acompañantes no diagnosticamos, pero podemos observar diferencias importantes en cómo cada persona usa la sustancia.


Preguntas para discutir:


  • ¿Observamos diferencias en cómo distintas personas usan las sustancias?

  • ¿El consumo parece cumplir funciones diferentes en diferentes personas?

  • ¿Cómo comunicamos estas observaciones al equipo tratante?


Cita: "Dentro del marco lacaniano, la adicción funciona dentro de las estructuras diagnósticas actuales. En otras palabras, no constituye su propia categoría diagnóstica. Una persona es neurótica, psicótica, y también puede sufrir una adicción." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxvi]


Síntesis: La adicción no es diagnóstico en sí misma. Siempre habita una estructura. Tratar "la adicción" como una sola cosa ignora diferencias fundamentales.


7. La ruptura con el lazo social


Las adicciones producen una alteración en la relación del sujeto con el Otro que tiene efectos simbólicos y sexuales. La droga remueve al sujeto del lazo social, lo separa del Otro, y lo deja con su goce privado y sus propias soluciones. El adicto no necesita más al Otro; ha asegurado un objeto y una relación con el Otro asociada a una dosis ideal que produce efectos predecibles.


Esta ruptura con el lazo social explica por qué el trabajo vincular es tan central en la recuperación. El adicto construyó un sistema donde puede prescindir de los otros. Como acompañantes, nuestra presencia sostenida es ya una intervención que desafía esa lógica. Reintroducimos al Otro donde la droga lo había expulsado.


Preguntas para discutir:


  • ¿Qué tan deteriorados están los vínculos de las personas que acompañamos?

  • ¿Cómo trabajamos la reconstrucción del lazo social?

  • ¿Nuestra presencia sostenida puede ser terapéutica en sí misma?


Cita: "El adicto no necesita más al Otro; ha asegurado un objeto y así una relación con el Otro que está asociada con una dosis ideal que produce efectos predecibles sobre el goce (o al menos eso aspira el adicto)." [De Rick, citado en Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxiv]


Síntesis: La adicción rompe el lazo social. El adicto no necesita al Otro: tiene su objeto. El acompañamiento reintroduce lo que la droga expulsó.


8. La dimensión sexual


La involucración de una persona con drogas frecuentemente transforma su vida sexual, ya sea a través de una suerte de mejora narcótica que vacía la alteridad del encuentro sexual, o a través de una pérdida de interés en el sexo mismo. El objeto ya no se busca en el Otro sino que se compra o se prescribe como si pudiera encontrarse en una droga/objeto.


Este aspecto suele quedar fuera de las conversaciones sobre adicción, pero es central. Muchas personas adictas tienen una relación muy complicada con la sexualidad que no se resuelve simplemente dejando de consumir. Como acompañantes, podemos estar atentos a este tema sin forzarlo, sabiendo que forma parte del cuadro aunque no siempre se hable de él.


Preguntas para discutir:


  • ¿El tema de la sexualidad aparece en nuestro trabajo o queda siempre afuera?

  • ¿Observamos cambios en la vida sexual cuando las personas dejan de consumir?

  • ¿Cómo abordamos este tema cuando surge?


Cita: "La involucración de una persona con drogas frecuentemente transforma su vida sexual, ya sea a través de una suerte de mejora narcótica que vacía la alteridad del encuentro sexual o a través de una pérdida de interés en el sexo mismo." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxiv]


Síntesis: La droga transforma la vida sexual: o la potencia vaciándola de alteridad, o la anula. El objeto se busca en la sustancia, no en el Otro.


9. El objeto es semblante, no sustancia


Lo primero que la adicción enseña al psicoanálisis es que el objeto es un semblante, no una sustancia. Es precisamente en la adicción donde encontramos el esfuerzo más sostenido de encarnar el objeto de goce en un objeto del mundo. Y es precisamente aquí donde puede verificarse que el objeto es semblante, y que en el horizonte, el verdadero objeto de goce —si esa palabra significa algo— es la muerte.


Esta idea puede parecer abstracta, pero tiene consecuencias prácticas. La droga promete algo que no puede dar. Su efectividad aparente oculta que lo que realmente se busca no está ahí. Como acompañantes, podemos ayudar a que las personas empiecen a preguntarse qué buscaban realmente, qué prometía la droga que nunca terminaba de entregar.


Preguntas para discutir:


  • ¿Qué promete la droga que nunca termina de cumplir?

  • ¿Las personas que acompañamos pueden articular qué buscaban en la sustancia?

  • ¿El trabajo de acompañamiento ayuda a formular esas preguntas?


Cita: "Lo primero que la adicción enseña al psicoanálisis es que el objeto es un semblante, no una sustancia. Es precisamente en la adicción donde encontramos el esfuerzo más sostenido de encarnar el objeto de goce en un objeto del mundo." [Laurent, citado en Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxviii]


Síntesis: La droga promete encarnar el objeto de satisfacción. Pero el objeto es semblante: no está ahí. En el horizonte de ese engaño está la muerte.


10. Del goce a la palabra


Con adictos parece perderse una dimensión del habla y los efectos de goce se acumulan. El objetivo no es un destete fisiológico corporal sino un esfuerzo por dar al sujeto la oportunidad de hablar bien (bien dire). Desde el habla, pueden elegir renunciar al proyecto condenado de salvar su goce a través de sustancias tóxicas y sensaciones corporales.


Esto orienta el trabajo de acompañamiento: no se trata solo de que la persona deje de consumir sino de que pueda empezar a poner palabras a lo que le pasa. Cada vez que alguien habla de su historia, de sus razones, de su sufrimiento singular, algo del circuito cerrado de la adicción se abre. El habla no es solo instrumento; es ya transformación.


Preguntas para discutir:


  • ¿Damos espacio para que las personas hablen de su experiencia singular?

  • ¿Qué pasa cuando alguien puede poner palabras a lo que le pasó?

  • ¿El habla tiene efectos observables en el proceso de recuperación?


Cita: "Estos capítulos dejan claro que lo que está en juego no es un destete fisiológico corporal, sino un esfuerzo por dar al sujeto la oportunidad de hablar bien (bien dire). Desde el habla pueden elegir renunciar al proyecto condenado de salvar su goce a través de sustancias tóxicas." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxviii]


Síntesis: El objetivo no es el destete del cuerpo sino la oportunidad de hablar. Cuando el sujeto puede decir su verdad, algo del circuito cerrado se abre.


Conclusión


Las reflexiones aquí presentadas pretenden contribuir a la formación continua de quienes ejercen la función de acompañamiento terapéutico en el campo de las adicciones. La introducción de Malone y Goldman Baldwin ofrece un marco conceptual que permite situar el trabajo clínico con adicciones en una perspectiva más amplia y profunda que los abordajes puramente médicos o conductuales.


Los puntos desarrollados articulan algunas ideas centrales del enfoque lacaniano: la importancia de la singularidad de cada sujeto, la crítica a las identificaciones grupales que pueden silenciar la palabra propia, la diferencia entre estructuras clínicas, el lugar del goce y su relación con el lazo social, y el papel fundamental del habla en cualquier proceso de transformación subjetiva.


Para el acompañamiento terapéutico, estas reflexiones ofrecen orientaciones prácticas: la importancia de escuchar el sufrimiento singular más allá de la categoría de "adicto", la atención a las funciones específicas que cumple la sustancia para cada persona, el valor de la presencia sostenida como reintroducción del Otro donde la droga lo había expulsado, y la apuesta por el habla como vía de transformación.


Finalmente, el reconocimiento de los límites de los abordajes dominantes no implica un rechazo total de los sistemas existentes sino una invitación a mantener una posición crítica que permita encontrar grietas donde hacer algo distinto. El acompañamiento terapéutico, con su inserción en lo cotidiano y su proximidad con el sujeto, está en posición privilegiada para sostener esa diferencia.


Referencias: Malone, K. & Goldman Baldwin, Y. (2011). Introduction: Viewing addictions through Lacanian lenses. En Y. Goldman Baldwin, K. Malone & T. Svolos (Eds.), Lacan and Addiction: An Anthology (pp. xvii-xxxiv). Karnac Books.

 
 
 

Del "no" a la nariz: cuando el límite se inscribe en el cuerpo.



Introducción


El presente documento constituye una herramienta de formación y reflexión destinada a profesionales y técnicos que desempeñan funciones de acompañamiento terapéutico con personas en proceso de recuperación de adicciones. Su objetivo es promover el pensamiento crítico sobre la práctica cotidiana, articulando aportes teóricos del psicoanálisis contemporáneo con las exigencias concretas del trabajo de campo.

El capítulo de Rolf Flor presenta un caso clínico detallado que permite observar cómo la adicción puede permanecer oculta durante mucho tiempo, incluso en un tratamiento en curso. El juego de palabras del título —"knows" (sabe), "no's" (los no), "nose" (nariz)— condensa una tesis fundamental: la adicción transforma el "no" simbólico en algo corporal, localizado en un órgano. El caso de Jack ilustra cómo el significante se inscribe en el cuerpo de maneras inesperadas.

Los diez puntos que se desarrollan a continuación no pretenden establecer protocolos rígidos ni respuestas definitivas. Por el contrario, buscan funcionar como disparadores para la discusión grupal y la supervisión, facilitando la elaboración colectiva del saber que se produce en la experiencia clínica. Cada punto presenta una idea central derivada de la lectura del texto fuente, seguida de preguntas orientadoras para el intercambio.

Para quienes ejercen el acompañamiento terapéutico, este caso ofrece lecciones valiosas sobre la escucha, la paciencia, los límites del saber profesional y la importancia de no dar nada por supuesto. La adicción de Jack permaneció invisible durante meses de tratamiento con múltiples terapeutas. Esto invita a reflexionar sobre qué podemos estar dejando de ver en nuestra propia práctica.

1. La adicción oculta

Jack estuvo en tratamiento durante años con varios terapeutas y un psiquiatra, pero ninguno sabía que tenía una adicción activa. Snorteaba su medicación (metilfenidato) en el estacionamiento antes de cada sesión. La adicción estaba literalmente en la puerta del consultorio, pero nadie la veía. Solo cuando tuvo una hemorragia nasal severa, la historia comenzó a salir.

Esto es una advertencia para todos los que trabajamos en este campo: la adicción puede estar presente aunque no sea visible ni nombrada. Las personas no siempre vienen diciendo "soy adicto, ayúdenme". A veces vienen por otra cosa —problemas de pareja, autoestima, diagnósticos psiquiátricos— y la adicción está ahí, silenciosa, sosteniendo todo sin que nadie la mencione.

Preguntas para discutir:


  • ¿Hemos tenido experiencias donde descubrimos una adicción que no era evidente al principio?

  • ¿Qué señales podrían indicar un consumo oculto?

  • ¿Damos por sentado que sabemos todo sobre el consumo de las personas que acompañamos?

Cita: "Aunque Jack había estado en tratamiento en nuestra clínica durante varios años, solo su psiquiatra había permanecido constante. Había visto a tres terapeutas anteriores." [Flor, 2011, p. 60]

Síntesis: La adicción puede estar ahí sin que nadie la vea. Años de tratamiento, múltiples profesionales, y el consumo activo seguía oculto. Nunca dar nada por supuesto.

2. El diagnóstico como refugio

Jack se aferraba a su diagnóstico de TDAH como una explicación total. Todo era "desequilibrio químico": su falta de concentración, sus problemas de pareja, su dificultad para llegar a tiempo. El diagnóstico funcionaba como un escudo: si todo es químico, nada es su responsabilidad. La medicación era la solución y cualquier cuestionamiento era un ataque.


Como acompañantes, encontramos frecuentemente personas que usan diagnósticos de esta manera. El diagnóstico puede ser válido, pero también puede convertirse en una coartada que impide cualquier pregunta sobre la propia posición subjetiva. "Soy bipolar", "tengo TDAH", "es mi ansiedad" pueden ser formas de decir "no me preguntes más, no hay nada que yo pueda hacer".

Preguntas para discutir:


  • ¿Observamos personas que usan sus diagnósticos como explicación total de todo lo que les pasa?

  • ¿Cómo equilibramos el respeto por el diagnóstico con la apertura a otras preguntas?

  • ¿El diagnóstico a veces cierra la posibilidad de que la persona se haga cargo de algo?


Cita: "Claramente quería que yo supiera su diagnóstico y qué había aliviado su condición. Se las arregló para volver varias veces a ambos temas." [Flor, 2011, p. 61]

Síntesis: El diagnóstico puede ser refugio: si todo es químico, nada es mi responsabilidad. El nombre de la enfermedad a veces cierra las preguntas en lugar de abrirlas.

3. El habla que no deja espacio

Jack hablaba sin parar, llenando cada sesión sin dejar espacio para que el terapeuta dijera algo. Cuando el terapeuta intentaba intervenir, Jack subía levemente el volumen y seguía. Terminaba las sesiones él mismo diciendo "nos vemos la semana que viene". Este modo de hablar producía ansiedad en el terapeuta, la sensación de no poder entrar.


Este patrón es frecuente y vale la pena pensarlo. Algunas personas hablan para no escuchar, llenan el espacio para que nada nuevo pueda entrar. El habla continua puede ser una defensa tan efectiva como el silencio. Como acompañantes, a veces sentimos que "no podemos meter una palabra", que todo lo que decimos rebota. Esa sensación es información clínica valiosa.


Preguntas para discutir:


  • ¿Conocemos personas que hablan sin parar y no dejan espacio para intervenir?

  • ¿Cómo nos sentimos cuando eso pasa? ¿Qué hacemos con esa sensación?

  • ¿El habla continua puede ser una forma de evitar escuchar algo?

Cita: "Él parecía jugar ambas partes en nuestro diálogo. Necesitaba hablar rápido o más fuerte para meter una palabra; aun así no estaba seguro de que él hubiera atendido a lo que yo había dicho." [Flor, 2011, p. 62]

Síntesis: Hablar sin parar puede ser defensa: llenar el espacio para que nada entre. La sensación de no poder intervenir es información clínica, no fracaso personal.

4. La madre que nunca se alteraba

La madre de Jack era psiquiatra y, según él, nunca se alteraba por nada. "Tiene que estar calmada: es psiquiatra, todo el tiempo". Nunca reconoció su relación lésbica con palabras, simplemente la vivía sin hablarla. Cuando Jack le pegó accidentalmente a su hermano con un bate en la cara, fue la única vez que la vio enojarse, y fue para decir "¿Por qué no puedes prestar atención?".


Esta figura materna que no se altera, que no nombra las cosas, que responde a todo con frialdad profesional, aparece como telón de fondo del caso. Un Otro que no reacciona, que no pone palabras a las cosas, que reduce todo a "desequilibrio químico". Jack creció con alguien que tenía respuesta para todo pero que quizás nunca realmente lo escuchó.


Preguntas para discutir:

  • ¿Qué lugar ocupa la historia familiar en nuestra comprensión de las personas que acompañamos?

  • ¿Hay figuras parentales que "saben todo" pero no escuchan nada?

  • ¿Cómo afecta crecer con alguien que nunca se altera ni nombra las cosas?


Cita: "Ella nunca tuvo dudas, según él la describía. Siempre estaba 'tranquila, fría y serena'. 'Tiene que estar calmada: es psiquiatra, todo el tiempo'." [Flor, 2011, p. 61]


Síntesis: Una madre que nunca se altera, que no nombra nada, que reduce todo a química. Jack creció con alguien que tenía todas las respuestas pero quizás ninguna escucha.


5. La nariz como escritura en el cuerpo


El título del capítulo juega con "knows" (sabe), "no's" (los no) y "nose" (nariz). La tesis es que Jack transformó el "no" que debería haber incorporado simbólicamente en algo corporal: su nariz. Desde niño metía cosas en la nariz, le producía una sensación de alerta, lo hacía "sentir vivo". La cocaína y luego el metilfenidato snorteado continuaron esta lógica.

Esto muestra cómo el cuerpo puede convertirse en lugar de inscripción de algo que no se tramitó con palabras. La adicción de Jack no era solo un problema de sustancias: era una forma de manejar algo a través de un órgano específico. La nariz se convirtió en el lugar donde se jugaba su relación con el "no", con los límites, con la ley.

Preguntas para discutir:

  • ¿Observamos en las personas que acompañamos relaciones particulares con partes del cuerpo?

  • ¿La forma de consumir (oral, nasal, inyectada) puede tener significados singulares?

  • ¿El cuerpo puede ser lugar donde se inscribe algo que no se tramitó con palabras?

Cita: "Jack vivió su vida para ser una nariz; parece haber convertido su 'no' en 'nose' (nariz). Los químicos, tanto reales como imaginados, entraban en su nariz para poder permanecer vivo, en movimiento y energético." [Flor, 2011, p. 71]

Síntesis: El "no" simbólico se volvió "nose" corporal. La nariz de Jack era el lugar donde se jugaba su relación con los límites. El cuerpo escribe lo que las palabras no tramitan.

6. "Lo hice por ti"

Cuando el terapeuta finalmente descubre que Jack snorteaba antes de cada sesión, le pregunta por qué lo hacía. Jack responde: "Lo hice por ti. Así estoy concentrado". Esta respuesta es desconcertante pero reveladora: Jack consumía para poder estar presente en la sesión, para poder hablar sin parar, para poder mantener su modo habitual de funcionamiento.

Esto abre una pregunta difícil: ¿qué parte del paciente que vemos es "él" y qué parte es el efecto de la sustancia? ¿El Jack que hablaba sin parar era Jack o era la medicación snorteada? Cuando alguien dice que consume "para funcionar", ¿quién es el que funciona? Como acompañantes, a veces vemos personas que solo pueden estar presentes bajo efecto de algo.

Preguntas para discutir:

  • ¿Hemos conocido personas que dicen necesitar consumir para poder funcionar en situaciones sociales?

  • ¿Qué hacemos cuando sospechamos que alguien viene a los encuentros bajo efecto de sustancias?

  • ¿Cómo trabajamos con alguien que siente que no puede "ser él mismo" sin consumir?

Cita: "Le pregunté por qué haría esto. Me dijo 'no volveré a hacerlo nunca'. Repetí mi pregunta. Me dijo 'no te enojes'. Le pregunté si parecía enojado. Dijo: 'No... Y no deberías estarlo... Lo hice por ti.'" [Flor, 2011, p. 70]

Síntesis: "Lo hice por ti": consumía para estar presente en sesión. La pregunta incómoda: ¿quién es el que aparece cuando solo puede funcionar bajo efecto de algo?

7. Lo que huele a fracaso

Jack tenía una relación muy problemática con la sexualidad. Evitaba las relaciones con su esposa porque después del orgasmo quedaba en un estado de vacío y malestar. Decía: "Mi pene está todo arrugado. Todo huele a fracaso". Prefería la masturbación, y cuando tenía sexo oral con su esposa, hablaba de cuentas por pagar mientras lo hacía.

Esta desconexión entre la sexualidad y el placer, esta sensación de fracaso y vacío después del acto, aparece frecuentemente en personas adictas. Como señala el capítulo de Naparstek, la droga permite romper con lo fálico, evitar todo el lío del encuentro sexual. En Jack, la sexualidad estaba profundamente perturbada, y la nariz había tomado el lugar del órgano sexual como fuente de sensación.

Preguntas para discutir:


  • ¿Observamos dificultades sexuales en las personas que acompañamos?

  • ¿El tema de la sexualidad es algo que se puede hablar o queda siempre afuera?

  • ¿Hay relación entre los problemas sexuales y el consumo de sustancias?

Cita: "Sus experiencias sexuales, después de un muy breve período de disfrute, no eran placenteras. Se encontraba completamente sin vida y distímico después de cada orgasmo. 'Mi pene está todo arrugado. Todo huele a fracaso.'" [Flor, 2011, p. 65]

Síntesis: La sexualidad de Jack estaba marcada por el vacío y el fracaso. "Todo huele a fracaso". La nariz tomó el lugar que el sexo no podía ocupar.

8. El sueño de la nariz sangrante

Jack trae un sueño donde su hijo aparece con el uniforme de fútbol roto, lleno de sangre, con sangre saliendo de la nariz "como un hijo de puta". El terapeuta anota mentalmente: nariz, sangre, el hermano al que Jack golpeó con un bate en la cara, el peligro de que "la nariz empujada hacia el cráneo" pudiera matar.

Los sueños pueden ser vía de acceso a algo que no se dice de otra forma. Este sueño condensa temas centrales: la violencia, la nariz, la sangre, el hermano, la madre que solo reaccionó cuando hubo peligro de muerte. Como acompañantes, no interpretamos sueños, pero podemos prestar atención cuando aparecen, escuchar qué asociaciones trae la persona, registrar imágenes que se repiten.

Preguntas para discutir:

  • ¿Las personas que acompañamos cuentan sueños? ¿Les preguntamos por ellos?

  • ¿Qué hacemos cuando aparece material onírico?

  • ¿Hay imágenes o temas que se repiten en lo que cuentan?

Cita: "Sangre salía de su nariz como un hijo de puta. Después de una pausa añadió: 'Estaba orgulloso de él porque sabía que el otro chico debía verse mucho peor.'" [Flor, 2011, p. 65]

Síntesis: El sueño condensa los temas: nariz, sangre, violencia, hermano, la madre que solo reaccionó ante el peligro de muerte. Los sueños pueden mostrar lo que no se dice.

9. La partida abrupta

Después de revelar su adicción, Jack faltó a las siguientes sesiones. Perdió su trabajo y su seguro médico. No respondió a los intentos de contacto del terapeuta. El caso se cerró sin cierre. El terapeuta se queda con preguntas: ¿Jack le contó porque ya había decidido irse? ¿Esperaba que lo detuvieran? ¿Contó más de lo que podía soportar que supieran?

Las partidas abruptas son frecuentes en el trabajo con adicciones. Personas que desaparecen justo cuando algo importante empieza a moverse. A veces es huida, a veces es vergüenza, a veces es que el tratamiento tocó algo insoportable. Como acompañantes, necesitamos prepararnos para estas partidas sin tomarlas como fracaso personal, pero tampoco sin quedarnos con las preguntas.

Preguntas para discutir:

  • ¿Cómo manejamos las partidas abruptas de personas que acompañamos?

  • ¿Hemos visto personas que se van justo cuando algo importante empieza a surgir?

  • ¿Qué hacemos con el no-cierre, con los casos que quedan abiertos?

Cita: "Después de no responder a ninguno de mis esfuerzos de contacto, cerré su caso. Después, frecuentemente me encuentro reflexionando sobre mi experiencia con Jack y su nariz." [Flor, 2011, p. 70]

Síntesis: Jack se fue cuando su secreto salió a la luz. Las partidas abruptas son frecuentes: ¿huida, vergüenza, o tocamos algo insoportable? El no-cierre es parte del trabajo.

10. Las limitaciones de la clínica

El autor reconoce su desilusión con la clínica contemporánea: la intrusión de la política, el eclectismo desesperado, el dominio de la biología reductiva. Jack había pasado por múltiples terapeutas y un psiquiatra, todos trabajando con la idea de que el problema era un "desequilibrio químico" que se resolvía con medicación. La adicción activa pasó desapercibida durante años.

Este reconocimiento honesto de los límites del sistema es importante para quienes trabajamos en él. No se trata de desmoralizarse sino de mantener una mirada crítica que permita hacer algo distinto. El autor eligió quedarse en salud mental comunitaria y ver qué podía hacerse. Como acompañantes, también trabajamos dentro de sistemas imperfectos, con recursos limitados, con paradigmas que no siempre compartimos.

Preguntas para discutir:

  • ¿Qué limitaciones del sistema de salud observamos en nuestra práctica?

  • ¿Cómo trabajamos dentro de paradigmas que no siempre compartimos?

  • ¿Qué podemos hacer distinto dentro de las estructuras existentes?

Cita: "Estoy desilusionado con la clínica contemporánea. Mi duda e insatisfacción se extiende más allá del tratamiento de adicciones en salud mental comunitaria: la intrusión de la política, la desesperación del eclectismo, y el dominio de la biología reductiva son omnipresentes." [Flor, 2011, p. 62]

Síntesis: La clínica tiene límites: política, eclectismo, biologicismo. Jack pasó años en tratamiento y nadie vio su adicción. Reconocer los límites del sistema para poder hacer algo distinto dentro de él.

Conclusión

Las reflexiones aquí presentadas pretenden contribuir a la formación continua de quienes ejercen la función de acompañamiento terapéutico en el campo de las adicciones. El caso clínico presentado por Rolf Flor ofrece una oportunidad única para reflexionar sobre los límites del saber profesional, la complejidad de la escucha y las múltiples formas en que la adicción puede permanecer oculta.

La tesis central del capítulo —que Jack convirtió el "no" simbólico en "nose" corporal— invita a pensar la adicción no solo como un problema de sustancias sino como una forma de inscripción en el cuerpo de algo que no encontró tramitación simbólica. Esta perspectiva enriquece la mirada clínica y abre preguntas sobre la singularidad de cada caso.

Para el acompañamiento terapéutico, el caso de Jack ofrece varias lecciones prácticas: no dar por supuesto que conocemos todo sobre el consumo de las personas, prestar atención a las sensaciones que nos producen los pacientes (la ansiedad del terapeuta ante el habla imparable de Jack era información valiosa), observar las relaciones particulares con partes del cuerpo, y estar preparados para partidas abruptas sin tomarlas como fracaso personal.

Finalmente, el reconocimiento honesto de las limitaciones de la clínica contemporánea invita a una posición de humildad y crítica constructiva. Trabajamos dentro de sistemas imperfectos, con paradigmas que no siempre compartimos, pero eso no impide que algo valioso pueda ocurrir en el encuentro con cada persona. La pregunta que el autor se hace al final —¿podría la nariz convertirse en un punto de partida para un trabajo futuro?— queda abierta como invitación a seguir pensando.

Referencias: Flor, R. (2011). Knows no's nose. En Y. Goldman Baldwin, K. Malone & T. Svolos (Eds.), Lacan and Addiction: An Anthology (pp. 59-72). Karnac Books.

 
 
 
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