- Psicotepec

- 26 ene
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El desaparecido no está vivo ni muerto. El terror continúa en la imposibilidad del duelo. Los sin tumba siguen matando.

El terror de Estado y la desaparición del Sujeto.
Durante las dictaduras, el psicoanálisis mismo fue blanco. No solo se perseguía a los analistas; se perseguía la práctica de escuchar. El régimen totalitario no tolera el inconsciente porque no tolera la división subjetiva. Donde hay sujeto dividido hay posibilidad de disidencia. El terror busca producir sujetos sin interior, transparentes al poder.
La desaparición forzada lleva esta lógica a su extremo obsceno. No solo se mata: se borra. No hay cuerpo, no hay tumba, no hay duelo posible. El desaparecido queda suspendido entre vida y muerte, negando a los sobrevivientes la posibilidad de elaborar la pérdida. El terror continúa operando en la imposibilidad del duelo. Los muertos sin sepultura siguen matando.
El trabajo clínico con sobrevivientes de terror de Estado confronta esta imposibilidad. ¿Cómo hacer duelo de quien no está confirmado como muerto? ¿Cómo simbolizar la desaparición? La experiencia analítica acompaña la construcción de rituales privados, de simbolizaciones posibles donde el Estado negó toda inscripción.


