- Psicotepec

- hace 1 día
- 11 Min. de lectura
Viendo las adicciones a través del lente lacaniano

Introducción
El presente documento constituye una herramienta de formación y reflexión destinada a profesionales y técnicos que desempeñan funciones de acompañamiento terapéutico con personas en proceso de recuperación de adicciones. Su objetivo es promover el pensamiento crítico sobre la práctica cotidiana, articulando aportes teóricos del psicoanálisis contemporáneo con las exigencias concretas del trabajo de campo.
La introducción de Malone y Goldman Baldwin ofrece un panorama fundamental del enfoque lacaniano sobre las adicciones. Las autoras presentan una crítica rigurosa de los abordajes dominantes —los programas de 12 pasos y las intervenciones farmacológicas— y proponen el psicoanálisis como alternativa viable que no reduce la adicción a una enfermedad a gestionar sino que la reconoce como una forma significativa de sufrimiento humano y una responsabilidad subjetiva.
Los diez puntos que se desarrollan a continuación no pretenden establecer protocolos rígidos ni respuestas definitivas. Por el contrario, buscan funcionar como disparadores para la discusión grupal y la supervisión, facilitando la elaboración colectiva del saber que se produce en la experiencia clínica. Cada punto presenta una idea central derivada de la lectura del texto fuente, seguida de preguntas orientadoras para el intercambio.
El acompañamiento terapéutico ocupa un lugar estratégico en el dispositivo de tratamiento de las adicciones. Comprender el marco conceptual desde el cual se piensa la intervención permite situar mejor la propia función y articular la práctica cotidiana con los objetivos más amplios del tratamiento.
1. Más que una enfermedad a gestionar
La tendencia actual es ver la adicción como un problema médico bajo el lema "la adicción es una enfermedad". Esto parece un avance respecto al moralismo anterior, pero tiene sus problemas. Cuando solo se gestiona una enfermedad, se pierde de vista que la adicción es también una forma significativa de sufrimiento humano y una responsabilidad subjetiva. Estos dos aspectos son componentes críticos del tratamiento.
Tratar la adicción solo como enfermedad puede llevar a buscar soluciones exclusivamente externas: medicamentos que contrarresten otros medicamentos, programas que administren la conducta. Pero algo se pierde cuando el sujeto queda reducido a un organismo que hay que regular. El sufrimiento singular de cada persona, las razones únicas que la llevaron ahí, quedan en segundo plano.
Preguntas para discutir:
¿Cómo equilibramos el reconocimiento de aspectos médicos con la escucha del sufrimiento singular?
¿Qué se pierde cuando solo "gestionamos" la adicción?
¿Las personas que acompañamos sienten que su sufrimiento es escuchado o solo administrado?
Cita: "Es muy fácil perder de vista las dimensiones de la adicción que la hacen no solo una enfermedad a gestionar sino más bien una forma significativa de sufrimiento humano y una responsabilidad subjetiva, ambas componentes críticos del tratamiento de adicciones." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xvii]
Síntesis: La adicción no es solo enfermedad a gestionar. Es sufrimiento singular y responsabilidad subjetiva. Perder esto de vista es perder al sujeto.
2. Los límites de lo que hay
A pesar de las altas tasas de abandono en los programas de 12 pasos y los resultados modestos de las terapias convencionales, hay poca innovación teórica o clínica en el campo de las adicciones. Cada vez más, el tratamiento se aleja de la teorización psicológica y se orienta hacia lo farmacológico: drogas para ayudar a los adictos a dejar las drogas. Espiritualidad, conductismo y farmacología son "extraños compañeros de cama" que dominan el panorama actual.
Como acompañantes, trabajamos dentro de este sistema con sus limitaciones. No se trata de rechazar todo lo existente, sino de mantener una mirada crítica que permita hacer algo distinto cuando sea posible. Saber que los abordajes dominantes tienen límites importantes nos permite no idealizarlos y buscar espacios para intervenciones que incluyan al sujeto.
Preguntas para discutir:
¿Qué limitaciones observamos en los programas y tratamientos donde trabajamos?
¿Hay espacio para hacer algo distinto dentro de las estructuras existentes?
¿Cómo manejamos trabajar en sistemas que no siempre compartimos?
Cita: "Sin validación empírica sustantiva, en este momento, la espiritualidad, los tratamientos conductuales y los enfoques farmacológicos siguen siendo los a veces extraños compañeros de cama elegidos para responder al sufrimiento de los adictos." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xviii]
Síntesis: Los tratamientos dominantes tienen resultados modestos pero poca innovación los desafía. Trabajamos en sistemas imperfectos. Saber sus límites permite buscar grietas.
3. El peligro de la identificación grupal
Los grupos de ayuda mutua exigen que la persona se identifique primero y principalmente como adicto para poder participar. Una consecuencia potencial de esta demanda es la pérdida de la oportunidad de hablar de manera única sobre la historia personal y la especificidad que llevó a la elección de la adicción. Esta singularidad se intercambia por identificaciones sancionadas por el grupo.
Esto no significa que los grupos no ayuden a nadie —claramente ayudan a muchos—, pero hay un costo potencial. Cuando alguien solo puede hablar desde el lugar de "adicto", usando el discurso prescrito del grupo, algo de su particularidad queda silenciado. La persona puede mejorar su conducta pero sin haber encontrado su propia palabra sobre lo que le pasó.
Preguntas para discutir:
¿Observamos personas que adoptan una identidad de "adicto" que parece más del grupo que propia?
¿Hay espacio en los tratamientos para la historia singular de cada persona?
¿Qué se gana y qué se pierde con la identificación grupal?
Cita: "Una consecuencia potencial de esta demanda del grupo es la pérdida de una oportunidad de hablar de manera única sobre la historia personal y la especificidad que llevó a la elección de la adicción. Esta especificidad y responsabilidad subjetiva se intercambia por identificaciones sancionadas por el grupo." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xx]
Síntesis: Identificarse como "adicto" puede ayudar pero también puede silenciar la singularidad. Lo que el grupo da en pertenencia, a veces lo cobra en palabra propia.
4. Tratar drogas con drogas
Si el tratamiento incluye la provisión de drogas (sustitutos o antagonistas) como componente principal, la posición del Otro y la relación del sujeto con el Otro cambia dentro del proceso de tratamiento. Esto modifica radicalmente la posición del clínico. Incluso la metadona implica una posición hacia el Otro: la persona debe ir a buscarla, el Otro la está sosteniendo.
Esto no es necesariamente malo, pero debe ser pensado. Cuando la respuesta principal a una adicción es otra sustancia, algo del vínculo queda mediado por el objeto químico. La persona sigue dependiendo de algo externo para regular su goce. El trabajo de construir otros recursos, otras formas de arreglárselas, puede quedar postergado indefinidamente.
Preguntas para discutir:
¿Cómo afecta la medicación sustitutiva al vínculo terapéutico?
¿Observamos diferencias en personas con y sin tratamiento farmacológico?
¿La medicación a veces posterga preguntas que deberían hacerse?
Cita: "Si el régimen clínico agrega o incluye la provisión de drogas como componente principal del tratamiento, entonces el lugar del Otro y la relación del sujeto con el Otro se modifica dentro del proceso de tratamiento." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xx]
Síntesis: Tratar drogas con drogas cambia el vínculo. La metadona también es una posición hacia el Otro. Lo químico puede postergar las preguntas subjetivas.
5. El efecto específico del sujeto
Los adictos no son adictos a las drogas sino a un efecto que obtienen de las drogas: un efecto-específico-del-sujeto. Este es un efecto que los no-adictos no obtienen de las drogas. Hay una variable dentro del sujeto que determina qué efecto tendrá la droga en esa persona. No se puede diagnosticar por la droga que consume.
Esto tiene consecuencias prácticas importantes: dos personas que consumen la misma sustancia pueden estar buscando cosas completamente diferentes. Los protocolos uniformes que tratan a todos los consumidores de heroína igual, o a todos los alcohólicos igual, ignoran esta singularidad. Como acompañantes, podemos estar atentos a qué busca cada persona específicamente en su consumo.
Preguntas para discutir:
¿Conocemos qué efecto específico busca cada persona en su consumo?
¿Tratamos igual a todos los que consumen la misma sustancia?
¿Qué nos han enseñado las personas sobre lo que encuentran en la droga?
Cita: "Es mi convicción que los adictos no son adictos a las drogas, sino que son adictos a un efecto que obtienen de las drogas: un efecto-específico-del-sujeto. Este es un efecto que los no-adictos no obtienen de las drogas." [Loose, citado en Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxviii]
Síntesis: No hay adicción a la droga sino a un efecto singular. Lo que cada quien encuentra ahí es único. No se puede diagnosticar por la sustancia que consume.
6. La adicción no es una categoría diagnóstica
Desde el marco lacaniano, la adicción funciona dentro de las estructuras diagnósticas existentes. No constituye su propia categoría diagnóstica. Una persona es neurótica o psicótica, y también puede sufrir una adicción. Es de fundamental importancia establecer con qué estructura psíquica se está trabajando, porque el tratamiento de la adicción será diferente según la estructura subyacente.
Esto desafía la tendencia a tratar "la adicción" como si fuera una sola cosa. Un neurótico que consume para obtener un plus de goce necesita un abordaje distinto que un psicótico para quien la droga cumple función de regulación. Como acompañantes no diagnosticamos, pero podemos observar diferencias importantes en cómo cada persona usa la sustancia.
Preguntas para discutir:
¿Observamos diferencias en cómo distintas personas usan las sustancias?
¿El consumo parece cumplir funciones diferentes en diferentes personas?
¿Cómo comunicamos estas observaciones al equipo tratante?
Cita: "Dentro del marco lacaniano, la adicción funciona dentro de las estructuras diagnósticas actuales. En otras palabras, no constituye su propia categoría diagnóstica. Una persona es neurótica, psicótica, y también puede sufrir una adicción." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxvi]
Síntesis: La adicción no es diagnóstico en sí misma. Siempre habita una estructura. Tratar "la adicción" como una sola cosa ignora diferencias fundamentales.
7. La ruptura con el lazo social
Las adicciones producen una alteración en la relación del sujeto con el Otro que tiene efectos simbólicos y sexuales. La droga remueve al sujeto del lazo social, lo separa del Otro, y lo deja con su goce privado y sus propias soluciones. El adicto no necesita más al Otro; ha asegurado un objeto y una relación con el Otro asociada a una dosis ideal que produce efectos predecibles.
Esta ruptura con el lazo social explica por qué el trabajo vincular es tan central en la recuperación. El adicto construyó un sistema donde puede prescindir de los otros. Como acompañantes, nuestra presencia sostenida es ya una intervención que desafía esa lógica. Reintroducimos al Otro donde la droga lo había expulsado.
Preguntas para discutir:
¿Qué tan deteriorados están los vínculos de las personas que acompañamos?
¿Cómo trabajamos la reconstrucción del lazo social?
¿Nuestra presencia sostenida puede ser terapéutica en sí misma?
Cita: "El adicto no necesita más al Otro; ha asegurado un objeto y así una relación con el Otro que está asociada con una dosis ideal que produce efectos predecibles sobre el goce (o al menos eso aspira el adicto)." [De Rick, citado en Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxiv]
Síntesis: La adicción rompe el lazo social. El adicto no necesita al Otro: tiene su objeto. El acompañamiento reintroduce lo que la droga expulsó.
8. La dimensión sexual
La involucración de una persona con drogas frecuentemente transforma su vida sexual, ya sea a través de una suerte de mejora narcótica que vacía la alteridad del encuentro sexual, o a través de una pérdida de interés en el sexo mismo. El objeto ya no se busca en el Otro sino que se compra o se prescribe como si pudiera encontrarse en una droga/objeto.
Este aspecto suele quedar fuera de las conversaciones sobre adicción, pero es central. Muchas personas adictas tienen una relación muy complicada con la sexualidad que no se resuelve simplemente dejando de consumir. Como acompañantes, podemos estar atentos a este tema sin forzarlo, sabiendo que forma parte del cuadro aunque no siempre se hable de él.
Preguntas para discutir:
¿El tema de la sexualidad aparece en nuestro trabajo o queda siempre afuera?
¿Observamos cambios en la vida sexual cuando las personas dejan de consumir?
¿Cómo abordamos este tema cuando surge?
Cita: "La involucración de una persona con drogas frecuentemente transforma su vida sexual, ya sea a través de una suerte de mejora narcótica que vacía la alteridad del encuentro sexual o a través de una pérdida de interés en el sexo mismo." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxiv]
Síntesis: La droga transforma la vida sexual: o la potencia vaciándola de alteridad, o la anula. El objeto se busca en la sustancia, no en el Otro.
9. El objeto es semblante, no sustancia
Lo primero que la adicción enseña al psicoanálisis es que el objeto es un semblante, no una sustancia. Es precisamente en la adicción donde encontramos el esfuerzo más sostenido de encarnar el objeto de goce en un objeto del mundo. Y es precisamente aquí donde puede verificarse que el objeto es semblante, y que en el horizonte, el verdadero objeto de goce —si esa palabra significa algo— es la muerte.
Esta idea puede parecer abstracta, pero tiene consecuencias prácticas. La droga promete algo que no puede dar. Su efectividad aparente oculta que lo que realmente se busca no está ahí. Como acompañantes, podemos ayudar a que las personas empiecen a preguntarse qué buscaban realmente, qué prometía la droga que nunca terminaba de entregar.
Preguntas para discutir:
¿Qué promete la droga que nunca termina de cumplir?
¿Las personas que acompañamos pueden articular qué buscaban en la sustancia?
¿El trabajo de acompañamiento ayuda a formular esas preguntas?
Cita: "Lo primero que la adicción enseña al psicoanálisis es que el objeto es un semblante, no una sustancia. Es precisamente en la adicción donde encontramos el esfuerzo más sostenido de encarnar el objeto de goce en un objeto del mundo." [Laurent, citado en Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxviii]
Síntesis: La droga promete encarnar el objeto de satisfacción. Pero el objeto es semblante: no está ahí. En el horizonte de ese engaño está la muerte.
10. Del goce a la palabra
Con adictos parece perderse una dimensión del habla y los efectos de goce se acumulan. El objetivo no es un destete fisiológico corporal sino un esfuerzo por dar al sujeto la oportunidad de hablar bien (bien dire). Desde el habla, pueden elegir renunciar al proyecto condenado de salvar su goce a través de sustancias tóxicas y sensaciones corporales.
Esto orienta el trabajo de acompañamiento: no se trata solo de que la persona deje de consumir sino de que pueda empezar a poner palabras a lo que le pasa. Cada vez que alguien habla de su historia, de sus razones, de su sufrimiento singular, algo del circuito cerrado de la adicción se abre. El habla no es solo instrumento; es ya transformación.
Preguntas para discutir:
¿Damos espacio para que las personas hablen de su experiencia singular?
¿Qué pasa cuando alguien puede poner palabras a lo que le pasó?
¿El habla tiene efectos observables en el proceso de recuperación?
Cita: "Estos capítulos dejan claro que lo que está en juego no es un destete fisiológico corporal, sino un esfuerzo por dar al sujeto la oportunidad de hablar bien (bien dire). Desde el habla pueden elegir renunciar al proyecto condenado de salvar su goce a través de sustancias tóxicas." [Malone & Goldman Baldwin, 2011, p. xxviii]
Síntesis: El objetivo no es el destete del cuerpo sino la oportunidad de hablar. Cuando el sujeto puede decir su verdad, algo del circuito cerrado se abre.
Conclusión
Las reflexiones aquí presentadas pretenden contribuir a la formación continua de quienes ejercen la función de acompañamiento terapéutico en el campo de las adicciones. La introducción de Malone y Goldman Baldwin ofrece un marco conceptual que permite situar el trabajo clínico con adicciones en una perspectiva más amplia y profunda que los abordajes puramente médicos o conductuales.
Los puntos desarrollados articulan algunas ideas centrales del enfoque lacaniano: la importancia de la singularidad de cada sujeto, la crítica a las identificaciones grupales que pueden silenciar la palabra propia, la diferencia entre estructuras clínicas, el lugar del goce y su relación con el lazo social, y el papel fundamental del habla en cualquier proceso de transformación subjetiva.
Para el acompañamiento terapéutico, estas reflexiones ofrecen orientaciones prácticas: la importancia de escuchar el sufrimiento singular más allá de la categoría de "adicto", la atención a las funciones específicas que cumple la sustancia para cada persona, el valor de la presencia sostenida como reintroducción del Otro donde la droga lo había expulsado, y la apuesta por el habla como vía de transformación.
Finalmente, el reconocimiento de los límites de los abordajes dominantes no implica un rechazo total de los sistemas existentes sino una invitación a mantener una posición crítica que permita encontrar grietas donde hacer algo distinto. El acompañamiento terapéutico, con su inserción en lo cotidiano y su proximidad con el sujeto, está en posición privilegiada para sostener esa diferencia.
Referencias: Malone, K. & Goldman Baldwin, Y. (2011). Introduction: Viewing addictions through Lacanian lenses. En Y. Goldman Baldwin, K. Malone & T. Svolos (Eds.), Lacan and Addiction: An Anthology (pp. xvii-xxxiv). Karnac Books.


