
Llenas cada segundo vacío para no aburrirte. Pero del aburrimiento profundo nace todo lo nuevo. Huyendo del tedio, huyes de tu propia hondura.
El aburrimiento es algo que hay que eliminar. Apenas asoma, lo combatimos: un video, un mensaje, un desplazamiento infinito del dedo sobre la pantalla. Nada debe quedar vacío. El tiempo muerto es tiempo perdido, y aprendimos a llenarlo antes de que duela.
Sin embargo, de ese vacío que evitamos nace todo lo nuevo. El aburrimiento profundo es el ave que incuba el huevo de la experiencia. La prisa solo reproduce y acelera lo que ya existe; nada original brota de quien no soporta detenerse. Quien huye del tedio huye también de su propia hondura.
Aquello que evitábamos como pérdida era la condición misma de toda creación. El que camina aburrido y no lo tolera apura el paso; el que lo habita descubre que puede dejar de caminar y empezar a bailar. Solo el ser humano danza, y solo desde el reposo. El sujeto contemporáneo, incapaz de demorarse, corre cada vez más rápido hacia ningún lugar nuevo.
Lectura
Han, B.-C. (2015). The burnout society (E. Butler, Trad.). Stanford University Press. (Obra original publicada en 2010)

Entender rápido no siempre es escuchar bien. A veces es solo la forma más eficaz de saltarse el detalle que en verdad importaba.
Alguien nos cuenta una situación difícil y sentimos que entendemos de inmediato: "ya sé lo que te pasa", pensamos, casi antes de que termine de hablar. Esa sensación de comprensión instantánea nos tranquiliza a nosotros mismos, como si captar rápido fuera siempre señal de estar escuchando bien al otro.
Y sin embargo, ahí está el problema: comprender demasiado rápido casi siempre significa que nos saltamos el detalle exacto que sostenía todo el relato, ese elemento puntual que no encajaba del todo con lo que ya creíamos saber de antemano, y que por eso mismo pasó completamente desapercibido para nosotros.
El psicoanálisis no confía en la comprensión inmediata. Sospecha de ella. Porque entender enseguida suele ser la forma más eficaz de encubrir justamente aquello que, si lo hubiéramos escuchado con más cuidado y paciencia, habría cambiado por completo lo que creíamos entender.
Lectura
Lacan, J. (2012). El Seminario de Jacques Lacan. Libro 19: ...o peor, 1971-1972 (G. Arenas, trad.; J.-A. Miller, ed.). Paidós. (Obra original publicada en 2011)

Nadie que amas está nunca del todo presente ni del todo ausente. Amar es aprender a vivir en esa distancia, no a cerrarla.
Hay una escena que se repite en casi toda pareja: uno espera el mensaje, revisa el reloj, interpreta cada silencio como señal. Cuando el otro aparece, todo se calma; cuando tarda, algo se derrumba por dentro. Creemos que amar es tener al otro entero, presente, disponible, como prueba definitiva de que ese amor existe.
Pero basta observar con cuidado para notar algo incómodo: ese otro nunca termina de estar ahí del todo, y sin embargo tampoco falta por completo. No se ausenta ni se entrega enteramente; ocupa un lugar impreciso, suspendido entre la certeza de tenerlo y la sospecha de haberlo perdido, vaivén que ninguna promesa logra fijar.
Esa zona intermedia, lejos de ser un simple defecto del vínculo, es su condición misma. La experiencia analítica muestra que el amor no se sostiene en la posesión completa de nadie, sino en aprender a habitar esa distancia entre el centro y el abandono, sin exigirle jamás al otro que la cierre.
Lectura
Lacan, J. (2012). El Seminario de Jacques Lacan. Libro 19: ...o peor, 1971-1972 (G. Arenas, trad.; J.-A. Miller, ed.). Paidós. (Obra original publicada en 2011)

