- Psicotepec

- 4 feb
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El analista no tiene tus respuestas. Sostiene un silencio donde puedes tropezar con lo que siempre supiste.

El saber que no existe.
Nadie entra en análisis buscando información. Se entra porque se supone que otro sabe algo sobre nuestro sufrimiento, algo que desconocemos. El analista ocupa ese lugar no por lo que sabe, sino por lo que el analizante le atribuye. Esta creencia es poderosa: sin ella, nadie se sentaría a hablar de sus problemas con un desconocido. El tratamiento comienza con esa fe depositada en otro.
Lo extraño es que el analista funciona mejor cuando menos sabe del caso. Si tuviera las respuestas de antemano, cerraría el espacio donde el analizante debe encontrar las suyas. El saber que ayuda no es el que se posee como quien guarda monedas. Es un espacio vacío que el analista sostiene para que otro pueda llenarlo con sus propias palabras.
La experiencia analítica enseña que las respuestas importantes no vienen del experto. Emergen cuando el analizante deja de buscar afuera y se encuentra, casi por accidente, con preguntas que siempre tuvo pero nunca se atrevió a formular.
Lecturas: Lacan, J. (1964/2003). El seminario de Jacques Lacan. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.


