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Enamorarse del analista es pedir, sin saberlo, que no nos miren donde verdaderamente duele.

El amor como escudo.


El analizante se enamora del analista. Sucede más de lo que se cree. No es accidente ni complicación: es parte del proceso. Pero este amor tiene una función secreta. Sirve para evitar algo más difícil. Enamorarse del analista es una forma elegante de no mirarse a uno mismo. El amor aparece justo cuando algo amenaza con revelarse.


Quien declara amor en análisis está pidiendo, sin saberlo, que no lo miren donde realmente duele. Ofrece intimidad para evitar la intimidad consigo mismo. No miente; genuinamente siente lo que siente. Pero ese sentimiento funciona como un velo. Detrás de la demanda de ser amado hay otra cosa: un deseo que el analizante no puede nombrar.


El trabajo analítico avanza cuando el analista no responde al amor con amor. Cuando no cede a la seducción, algo más profundo puede finalmente aparecer. El amor resistido abre paso a lo que verdaderamente importa.

Lecturas:

Lacan, J. (1964/2003). El seminario de Jacques Lacan. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.


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La completud que buscamos nunca existió. La inventamos para nombrar un vacío anterior a cualquier pérdida.


El paraíso que nunca existió.

Todos buscamos volver a un momento perfecto. El bebé en brazos de la madre, sin hambre ni frío, completo. Esa imagen nos persigue toda la vida. Buscamos parejas, trabajos, sustancias que nos devuelvan esa plenitud. Pero hay un problema: ese momento perfecto nunca existió como lo recordamos. Es una construcción posterior, un mito que inventamos desde el exilio.


En el análisis, esta búsqueda se reactiva. El analizante imagina que el analista tiene el secreto de la completud. Que podría devolverle lo que le falta. Pero ningún otro ser humano puede llenar ese vacío. La fusión perfecta es fantasía. El paraíso perdido se inventa desde afuera del jardín, nunca desde adentro. Buscamos lo que nunca tuvimos.


La clínica actual enfrenta esta fantasía constantemente. El trabajo no consiste en llenar el vacío sino en aceptar que la falta es constitutiva. No es resignación. Es la condición para desear sin esperar que algo o alguien finalmente nos complete.


Lecturas: Lacan, J. (1964/2003). El seminario de Jacques Lacan. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.


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El analista no tiene lo que buscas. Por eso puede ayudarte a encontrarlo donde siempre estuvo.


Sócrates y el analista.

Sócrates decía que no sabía nada, excepto sobre el deseo. No daba respuestas; hacía preguntas. Cuando alguien le pedía sabiduría, él devolvía la pregunta: ¿qué buscas realmente? Esta posición frustraba a sus interlocutores. Esperaban recibir el bien y se encontraban con un espejo. El sabio antiguo anticipó, sin saberlo, la posición del analista moderno.

Alcibíades, joven brillante de Atenas, buscaba en Sócrates un tesoro oculto. Estaba convencido de que el viejo feo guardaba algo precioso dentro. Sócrates no le dio lo que pedía. Le dijo: ocúpate de tus cosas, de tu deseo. No ofreció el bien prometido. Esa frustración fue el verdadero regalo. Obligó al joven a dejar de buscar afuera lo que solo podía encontrar adentro.

El analista contemporáneo hereda esta tradición. No posee el secreto de la vida buena. No sabe qué te conviene. Su función es sostener la pregunta hasta que puedas habitarla sin terror. Preguntar ya es empezar a sanar.

Lecturas: Lacan, J. (1964/2003). El seminario de Jacques Lacan. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.


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