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La responsabilidad es visceral, de entrañas. El sujeto tiene estructura maternal: llevar al otro dentro, nutrirlo con la propia sustancia.


La maternidad del sujeto.

La responsabilidad por el otro no es deber abstracto; es corporal, visceral, de entrañas. La palabra hebrea para misericordia —rajamim— viene de réjem, útero. La compasión es conmoción de las entrañas, sensibilidad maternal que carga al otro en el propio cuerpo. El sujeto ético tiene estructura maternal.

Esto no significa que todos sean madres, sino que la subjetividad tiene esta forma: llevar al otro dentro, nutrirlo con la propia sustancia, sufrir en carne propia su sufrimiento. La relación con el otro no es contemplación ni siquiera diálogo; es gestación. El otro habita en mí antes de estar frente a mí.

Quien ha sentido el dolor ajeno en el propio cuerpo —el estómago que se cierra, el pecho que se aprieta— conoce esta maternidad. No es metáfora; es la estructura de la sensibilidad. El sujeto es maternal no por elección sino por constitución. Llevamos a los otros en las entrañas, queramos o no. Referencias: Levinas, E. (1974). Humanismo del otro hombre. Siglo XXI

 
 
 

La metadona es droga estatal para adictos: solución química a problema químico. El sujeto sigue ausente, ahora con receta.


Apagar fuego con gasolina.

La metadona es la solución farmacológica al problema farmacológico: una droga para tratar la adicción a otra droga. La lógica es impecable en su circularidad: si el problema es químico, la respuesta debe ser química. El sujeto desaparece dos veces: primero en la heroína, después en su sustituto legal.


Esta estrategia revela algo de nuestra época: preferimos administrar el síntoma antes que interrogarlo. La metadona no cura; gestiona. Mantiene al adicto funcional sin preguntarle qué buscaba en la sustancia. Es el control de daños elevado a política sanitaria. El Estado se convierte en dealer autorizado, dispensando un goce regulado para evitar el goce desregulado.


La clínica contemporánea enfrenta sujetos medicados que nunca hablaron de su adicción. Llegaron a un mostrador, no a un consultorio. La pregunta por el deseo quedó suspendida indefinidamente por la eficacia del sustituto.

References Loose, R. (2011). Modern symptoms and their effects as forms of administration. En Y. Goldman Baldwin, K. Malone & T. Svolos (Eds.), Lacan and Addiction: An Anthology (pp. 1-38). Karnac Books.

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Niños maleta: abandonados, transportados, reunidos con extraños que reclamaban ser padres. El trauma empezó cuando ellos cruzaron sin ti.

Niños maleta.


Los llamaron “niños maleta”: criaturas transportadas entre países según la conveniencia adulta. Abandonados con los abuelos mientras los padres emigraban, reunidos años después con extraños que reclamaban parentesco. El niño que perdió a sus padres a los dos años no reconoce la voz telefónica un año después: “¿Quién eres?”. La mujer que lo gestó se ha convertido en una desconocida. Los hermanos son rostros nuevos. La familia biológica es más extranjera que el país extranjero.


Özbek documenta la devastación: cuanto más joven es el niño al momento del abandono, más profundo el daño. Cada visita parental reabre la herida; cada partida confirma que el apego es peligroso. Mejor no arraigarse. Estos niños crecen con miedo a la conexión porque la conexión original fue traicionada. Sus padres eligieron geografía sobre vínculo. El mensaje inscrito en el cuerpo: quien amas desaparece. Protégete no amando.


El analizante adulto que fue niño maleta presenta dificultades vinculares que anteceden su propia migración. El trauma no empezó cuando cruzó la frontera: empezó cuando sus padres la cruzaron sin él. Referencias Özbek, T. (2021). The tale of those who went forth: On the inner experience of migration and forced migration. En K. White & I. Klingenberg (Eds.), Migration and intercultural psychoanalysis: Unconscious forces and clinical issues (pp. 91–107). Routledge.


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