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Nuevos usos de las drogas.

Introducción

El presente documento constituye una herramienta de formación y reflexión destinada a profesionales y técnicos que desempeñan funciones de acompañamiento terapéutico con personas en proceso de recuperación de adicciones. Su objetivo es promover el pensamiento crítico sobre la práctica cotidiana, articulando aportes teóricos del psicoanálisis contemporáneo con las exigencias concretas del trabajo de campo.


El capítulo de Fabián Naparstek aborda una cuestión fundamental: el uso de drogas ha cambiado históricamente, y las coordenadas culturales de nuestra época producen formas de consumo radicalmente distintas a las del pasado. Comprender estas transformaciones resulta esencial para quienes trabajan en el campo de las adicciones, ya que las estrategias de intervención deben adaptarse a las características específicas del consumo contemporáneo.

Los diez puntos que se desarrollan a continuación no pretenden establecer protocolos rígidos ni respuestas definitivas. Por el contrario, buscan funcionar como disparadores para la discusión grupal y la supervisión, facilitando la elaboración colectiva del saber que se produce en la experiencia clínica. Cada punto presenta una idea central derivada de la lectura del texto fuente, seguida de preguntas orientadoras para el intercambio.

El acompañamiento terapéutico ocupa un lugar estratégico en el dispositivo de tratamiento de las adicciones. La proximidad con lo cotidiano, la continuidad del vínculo y la presencia sostenida en momentos críticos hacen de esta función un espacio privilegiado tanto para la observación clínica como para intervenciones de alto impacto. Estas reflexiones aspiran a jerarquizar ese saber que se construye en la práctica, promoviendo su articulación con marcos conceptuales que permitan pensarlo y transmitirlo.

1. Tres épocas del consumo

El uso de drogas existió siempre, pero la adicción como problema es relativamente reciente. Se pueden distinguir tres períodos históricos: uno donde las drogas no eran consideradas patología, otro (la época de Freud) donde el consumo era una respuesta más entre otras al malestar en la cultura, y el actual, donde existe una "toxicomanía generalizada" como respuesta única y globalizada.

Esto significa que las personas que acompañamos hoy consumen en un contexto cultural muy distinto al de generaciones anteriores. No es lo mismo el "alcohólico romántico" que bebía para olvidar penas de amor, rodeado de amigos en un bar, que el consumidor actual que busca un goce solitario e inmediato. Las estrategias que funcionaban antes pueden no funcionar ahora porque el sentido mismo del consumo ha cambiado.

Preguntas para discutir:


  • ¿Notamos diferencias entre las personas mayores y los jóvenes en cuanto a cómo se relacionan con las sustancias?

  • ¿Las personas que acompañamos consumen en grupo o en soledad?

  • ¿Qué lugar ocupan los vínculos en su historia de consumo?

Cita: "En el tiempo de Freud, la toxicomanía era un síntoma aislado entre otros. Freud presenta las cosas como un menú de opciones donde se pueden encontrar soluciones a la carta." [Naparstek, 2011, p. 45]

Síntesis: Antes el consumo era una opción entre muchas para lidiar con el malestar. Hoy es la respuesta única y globalizada. Cambió la época, tiene que cambiar la clínica.

2. La fiesta totémica y la fiesta actual

Freud describió la "fiesta totémica" como un momento de exceso permitido pero limitado, donde se rompían las reglas pero dentro de un marco colectivo que generaba culpa compartida y renovaba el lazo social. La fiesta actual es diferente: no hay límite temporal, no hay culpa colectiva, y en lugar de renovar el lazo social, deja a cada uno más solo que antes.


Las fiestas electrónicas, las previas interminables, el consumo de fin de semana que se extiende, muestran esta lógica. El exceso ya no tiene marco que lo contenga. Como acompañantes, podemos observar cómo las personas pasan de la fiesta al aislamiento, cómo el consumo grupal va derivando en consumo solitario, cómo la promesa de conexión termina en desconexión.


Preguntas para discutir:

  • ¿Qué lugar ocupa la fiesta o el consumo grupal en la historia de las personas que acompañamos?

  • ¿Hemos observado el pasaje del consumo social al consumo solitario?

  • ¿Las personas sienten culpa por su consumo o eso ya no opera?

Cita: "La fiesta totémica tenía dos características principales: un exceso limitado pero obligatorio. El exceso implica que lo prohibido en tiempos normales está permitido en tiempo de fiesta." [Naparstek, 2011, p. 41-42]

Síntesis: La fiesta antigua limitaba el exceso y renovaba el lazo. La fiesta actual no tiene límite y deja más solo. El consumo pasó de ritual colectivo a circuito individual.

3. El objeto a en el cenit

Vivimos en una época donde el objeto de satisfacción (lo que Lacan llama "objeto a") ha subido al cenit de la civilización. Esto significa que los ideales, el Nombre del Padre, las referencias simbólicas que antes organizaban la vida, han perdido fuerza frente al empuje al consumo inmediato. Ya no se trata de renunciar a algo para obtener otra cosa; se trata de tenerlo todo, ahora.

Para quienes acompañamos adictos, esto se traduce en una dificultad enorme para sostener cualquier cosa que implique espera, postergación o renuncia. La lógica del "lo quiero ya" atraviesa todo. Los ideales que antes podían sostener una recuperación (la familia, el trabajo, la salud) han perdido peso frente a la inmediatez del objeto. No es que las personas sean más débiles; es que la cultura empuja en otra dirección.

Preguntas para discutir:

  • ¿Qué ideales o valores sostienen (o no) a las personas que acompañamos?

  • ¿Cómo manejamos la dificultad para tolerar la espera o la frustración?

  • ¿Hay algo que funcione como referencia organizadora en la vida de estas personas?

Cita: "Miller afirma que la dictadura del objeto a hace volar los matrimonios, romper las familias y cambiar los cuerpos (cirugía, dieta, anorexia, etc.)." [Naparstek, 2011, p. 44]

Síntesis: El objeto de consumo destronó a los ideales. Ya no hay renuncia que valga. La cultura empuja a tenerlo todo ya, y la clínica debe lidiar con eso.

4. Consumidores o deprimidos

En la época actual, la división no es entre sanos y enfermos, sino entre consumidores y deprimidos. Quien puede gozar según las reglas del mercado, consume; quien no puede, se deprime. La depresión aparece como el reverso del mandato de goce: es lo que le pasa a quien no logra cumplir con la exigencia de disfrutar.

Esto explica algo que vemos frecuentemente: personas que oscilan entre el consumo compulsivo y estados depresivos profundos. No son dos patologías separadas sino dos caras de la misma moneda. Cuando la sustancia deja de funcionar, aparece la depresión. Cuando la depresión se vuelve insoportable, se vuelve a la sustancia. Como acompañantes, necesitamos entender esta oscilación sin tratarla como dos problemas distintos.

Preguntas para discutir:

  • ¿Observamos esta oscilación entre consumo y depresión en las personas que acompañamos?

  • ¿Cómo abordamos los momentos depresivos sin que se conviertan en disparadores de recaída?

  • ¿La abstinencia a veces produce estados depresivos? ¿Cómo los manejamos?

Cita: "Las cosas se dividen entre consumidores y deprimidos. Es decir, aquellos que no pueden disfrutar según las reglas del mercado, se deprimen." [Naparstek, 2011, p. 46]

Síntesis: O consumidor o deprimido: esas son las opciones que ofrece la época. La oscilación entre ambos estados no son dos patologías sino una sola lógica.

5. La droga rompe el matrimonio con el falo

La tesis central de Lacan sobre la droga es que permite romper el "matrimonio" entre el cuerpo y el falo. Esto suena técnico, pero significa algo muy concreto: la droga permite acceder a un goce que no pasa por la sexualidad, por el encuentro con otro, por todo lo complicado que implica el deseo. Es un atajo que evita el lío de lo sexual.

En la práctica clínica esto se observa claramente: muchas personas adictas tienen una relación muy problemática con la sexualidad. Algunos perdieron interés, otros tienen disfunciones, otros prefieren la masturbación al encuentro. La droga ofrece una satisfacción que no requiere negociar con nadie, que no implica el riesgo del rechazo ni la complejidad del deseo del otro.

Preguntas para discutir:

  • ¿Qué sabemos sobre la vida sexual de las personas que acompañamos?

  • ¿Hemos observado cambios en la sexualidad cuando dejan de consumir?

  • ¿El tema de la sexualidad aparece en las conversaciones o es algo que se evita?

Cita: "La droga es lo que permite romper el matrimonio entre el cuerpo y el pequeño pipí." [Lacan, citado en Naparstek, 2011, p. 47]

Síntesis: La droga ofrece goce sin pasar por el otro, sin el lío del sexo y el deseo. Por eso tantos adictos tienen una relación complicada con la sexualidad.

6. Neurosis y psicosis: funciones opuestas

La droga no cumple la misma función en todas las estructuras psíquicas. En la neurosis, la droga sirve para "romper" con el falo, para acceder a un goce extra que las palabras no permiten. En la psicosis, la droga muchas veces cumple la función opuesta: sirve para "atar", para regular un goce invasivo que desborda al sujeto.

Esto tiene consecuencias prácticas enormes. Un neurótico que deja de consumir puede construir otras formas de satisfacción. Un psicótico que deja de consumir puede desestabilizarse gravemente si la droga estaba cumpliendo una función de regulación. Como acompañantes no diagnosticamos, pero podemos observar qué pasa cuando la persona deja de consumir: ¿se organiza mejor o se desorganiza?

Preguntas para discutir:

  • ¿Hemos observado personas que se desorganizan cuando dejan de consumir?

  • ¿Hay casos donde el consumo controlado parece más estable que la abstinencia total?

  • ¿Cómo comunicamos estas observaciones al equipo tratante?

Cita: "En psicosis, las drogas no tienen una función de ruptura sino de atadura. La clínica de la 'formación de ruptura' es aplicable a la neurosis, pero no a la psicosis." [Naparstek, 2011, p. 53]

Síntesis: En neurosis la droga rompe límites; en psicosis a veces los construye. La abstinencia no es meta universal: para algunos puede ser desestabilizante.

7. Las monomanías

Hay una diferencia clínica importante entre quien consume "de todo" y quien consume una sola sustancia de manera específica y sistemática. Las "monomanías" son consumos limitados a una droga que cumple una función precisa en la economía psíquica del sujeto. A veces ese consumo acotado permite una estabilidad que el abandono total pondría en riesgo.

Esto desafía la idea de que toda adicción debe tratarse igual y que el objetivo siempre es la abstinencia total. Hay casos donde un consumo limitado y controlado permite a la persona funcionar, trabajar, mantener vínculos. No se trata de promover el consumo, sino de entender que para algunas estructuras, la dirección del tratamiento puede no ser eliminar sino acotar y regular.

Preguntas para discutir:

  • ¿Conocemos personas que consumen una sola sustancia de manera muy específica?

  • ¿Hay casos donde el consumo controlado parece cumplir una función estabilizadora?

  • ¿Cómo pensamos la diferencia entre "reducción de daños" y "función estabilizadora"?

Cita: "En estos casos, la dirección del tratamiento no implica necesariamente abandonar el consumo de drogas. El tratamiento se orientó a mantener esa dirección, un consumo limitado que les permitiera mantenerse estabilizados." [Naparstek, 2011, p. 53]

Síntesis: No todo consumo es igual. Algunas monomanías cumplen función estabilizadora. El objetivo clínico no siempre es eliminar sino a veces acotar y regular.

8. Viagra y la sexualidad bajo influencia

El Viagra se ha convertido en droga de fiesta, usada por jóvenes sin disfunción sexual. Esto muestra algo de la época: el intento de tener una sexualidad "sin inconsciente", sin los tropiezos del deseo, sin la disfunción que el lenguaje introduce en el sexo. La promesa es una sexualidad ilimitada, maníaca, que funcione como máquina.

Pero los casos clínicos muestran que la pastilla no resuelve el problema del deseo. Puede haber erección sin deseo, funcionamiento mecánico sin encuentro real. Como acompañantes, podemos observar esta disociación entre el funcionamiento corporal y la dimensión del deseo, del encuentro, del amor. La sexualidad "bajo influencia" puede funcionar mecánicamente pero dejar al sujeto más solo que antes.

Preguntas para discutir:

  • ¿Las personas que acompañamos usan sustancias para facilitar encuentros sexuales?

  • ¿Observamos disociación entre el funcionamiento sexual y el deseo o el vínculo?

  • ¿El tema de la sexualidad aparece en la recuperación o se evita?

Cita: "Viagra es una droga noble, fantástica. En mi opinión es la mejor droga del siglo pasado. Hoy los hombres toman posesión de sus cuerpos." [Rajtman, citada en Naparstek, 2011, p. 54]

Síntesis: La época promete sexualidad sin fallas, sin inconsciente, sin deseo. La pastilla puede dar erección pero no puede dar encuentro. Funcionamiento no es lo mismo que deseo.

9. Soledad globalizada

El consumo contemporáneo produce una paradoja: mientras más globalizado es el goce (todos consumiendo lo mismo, en todas partes), más solos quedan los sujetos. La promesa de conexión (en la fiesta, en las redes, en los encuentros) termina en aislamiento. Las relaciones duraderas se vuelven cada vez más difíciles; el encuentro entre los sexos se altera profundamente.

Como acompañantes, vemos esta soledad de cerca. Personas rodeadas de contactos pero sin vínculos reales, con miles de seguidores pero sin nadie a quien llamar en una crisis, que conocen gente en cada fiesta pero no tienen un amigo. El trabajo de acompañamiento muchas veces es ser el primer vínculo real en mucho tiempo, alguien que está ahí de manera sostenida.

Preguntas para discutir:

  • ¿Qué tan solos están realmente las personas que acompañamos?

  • ¿Tienen vínculos sostenidos o solo contactos esporádicos?

  • ¿Cómo trabajamos la reconstrucción de vínculos en el acompañamiento?

Cita: "Este consumo masivo deja a los sujetos cada vez más solos. De hecho, tanto el goce globalizado como la soledad globalizada están presentes. Las relaciones duraderas y fuertes resultan ser lo más difícil de lograr." [Naparstek, 2011, p. 45]

Síntesis: Goce globalizado produce soledad globalizada. Todos conectados, todos solos. El acompañante a veces es el primer vínculo real en mucho tiempo.

10. El síntoma como palo en la rueda

Hay algo del síntoma que puede funcionar como "palo en la rueda" de esta maquinaria de goce ilimitado. La impotencia, el tropiezo, el fracaso, pueden ser la oportunidad de que el sujeto se detenga y se pregunte algo. El psicoanálisis encuentra su lugar en la cultura ofreciendo un espacio que reconoce los límites mismos de la subjetividad.

Esto es importante para el acompañamiento: a veces el "fracaso" de la droga, el momento donde deja de funcionar, donde el cuerpo dice basta, donde la vida se derrumba, es la oportunidad para que algo distinto pueda empezar. No se trata de celebrar el sufrimiento, sino de reconocer que a veces es en el punto de mayor crisis donde se abre la posibilidad de un cambio genuino.

Preguntas para discutir:

  • ¿Hemos visto casos donde la crisis fue el punto de partida de un cambio real?

  • ¿Cómo acompañamos los momentos de "fracaso" sin moralizarlos ni minimizarlos?

  • ¿Qué lugar tiene el límite del cuerpo en los procesos de recuperación?

Cita: "A menos que el síntoma como real pueda aparecer como un palo en la rueda y mostrar que la impotencia otorga el beneficio de hacer resurgir al sujeto, entonces es allí donde el psicoanálisis encuentra su lugar en la cultura." [Naparstek, 2011, p. 51]

Síntesis: El tropiezo puede ser oportunidad. Cuando la droga deja de funcionar, cuando el cuerpo dice basta, algo puede abrirse. La crisis no es solo destrucción: puede ser comienzo.

Conclusión

Las reflexiones aquí presentadas pretenden contribuir a la formación continua de quienes ejercen la función de acompañamiento terapéutico en el campo de las adicciones. El análisis de los nuevos usos de las drogas propuesto por Naparstek ofrece herramientas conceptuales valiosas para comprender las transformaciones culturales que afectan directamente nuestra práctica clínica.

Comprender que el consumo contemporáneo responde a coordenadas culturales específicas —el empuje al goce ilimitado, la caída de los ideales, la soledad globalizada— permite situar el trabajo de acompañamiento en un contexto más amplio. No se trata simplemente de que las personas "elijan mal" o sean "débiles"; la época misma produce estas formas de sufrimiento.

Es fundamental destacar que el saber teórico no sustituye al saber que se construye en la experiencia clínica compartida. Por ello, se recomienda utilizar este material en espacios de supervisión grupal, donde las ideas puedan ponerse en diálogo con los casos concretos y las dificultades reales que cada equipo enfrenta.

Finalmente, el reconocimiento de que la dirección del tratamiento puede variar según la estructura clínica —que no siempre la abstinencia total es el objetivo, que a veces un consumo limitado cumple función estabilizadora— representa un desafío ético y clínico que requiere reflexión permanente. El acompañamiento terapéutico, con su inserción en lo cotidiano, está en posición privilegiada para observar estas sutilezas y aportar al equipo tratante información valiosa para la toma de decisiones.

Referencias: Naparstek, F. (2011). New uses of drugs. En Y. Goldman Baldwin, K. Malone & T. Svolos (Eds.), Lacan and Addiction: An Anthology (pp. 39-57). Karnac Books.

 
 
 

La adicción como administración: goce sin Otro, síntoma sin llamado.

Introducción


El presente documento constituye una herramienta de formación y reflexión destinada a profesionales y técnicos que desempeñan funciones de acompañamiento terapéutico con personas en proceso de recuperación de adicciones. Su objetivo es promover el pensamiento crítico sobre la práctica cotidiana, articulando aportes teóricos del psicoanálisis contemporáneo con las exigencias concretas del trabajo de campo.


Los diez puntos que se desarrollan a continuación no pretenden establecer protocolos rígidos ni respuestas definitivas. Por el contrario, buscan funcionar como disparadores para la discusión grupal y la supervisión, facilitando la elaboración colectiva del saber que se produce en la experiencia clínica. Cada punto presenta una idea central derivada de la lectura del texto fuente, seguida de preguntas orientadoras para el intercambio y una síntesis conceptual en formato breve.

La fundamentación teórica de estas reflexiones proviene del trabajo de Rik Loose sobre los síntomas modernos y sus formas de administración, un texto que ofrece herramientas conceptuales valiosas para comprender la función subjetiva de la adicción más allá de los enfoques exclusivamente médicos o conductuales. Se recomienda la lectura del material original para profundizar en las elaboraciones aquí presentadas.

El acompañamiento terapéutico ocupa un lugar estratégico en el dispositivo de tratamiento de las adicciones. La proximidad con lo cotidiano, la continuidad del vínculo y la presencia sostenida en momentos críticos hacen de esta función un espacio privilegiado tanto para la observación clínica como para intervenciones de alto impacto. Estas reflexiones aspiran a jerarquizar ese saber que se construye en la práctica, promoviendo su articulación con marcos conceptuales que permitan pensarlo y transmitirlo.

1. La adicción como forma de arreglárselas


Solemos pensar la adicción como algo que le pasa a alguien, como si la persona fuera víctima pasiva de una sustancia. Pero hay otra forma de verlo: la adicción es también una manera de arreglárselas con algo difícil de la vida. No es la mejor manera, claro, pero es una manera. La persona encontró en la sustancia una solución a un problema que quizás ni siquiera sabe nombrar.


Esto cambia nuestra posición como acompañantes. Si la adicción resuelve algo, no alcanza con quitarla; hay que preguntarse qué resolvía. Cuando alguien deja de consumir pero no encuentra otra forma de manejar aquello que la droga manejaba, la recaída se vuelve casi inevitable. No porque sea débil, sino porque le sacamos la solución sin ayudarle a construir otra.


Preguntas para discutir:


  • ¿Qué problema resuelve la sustancia para cada persona que acompañamos?

  • ¿Hemos podido identificar qué es lo que la droga "hace bien" para esa persona?

  • ¿Cómo podemos ayudar a construir otras formas de arreglárselas sin imponer las nuestras?


O1: "La adicción será siempre tener que ser situada dentro de una estructura neurótica, psicótica o perversa... no existe adicción sin diagnóstico dual." [Loose, 2011, p. 13]

A2: La adicción no es el problema: es la solución fallida a un problema sin nombre. Quitarla sin reemplazarla es dejar al sujeto más desarmado que antes.

2. Cada quien tiene su propio enganche

Dos personas pueden consumir exactamente la misma sustancia y tener experiencias completamente distintas. Una queda enganchada, la otra no. La diferencia no está en la droga sino en quien la recibe. Hay algo en la historia personal, en el cuerpo, en la forma de estar en el mundo, que determina qué efecto produce la sustancia en cada uno.

Esto significa que no existen los adictos en general, solo existen personas singulares con sus motivos particulares. Los protocolos uniformes que tratan a todos igual pueden funcionar para algunos pero fallar rotundamente para otros. Como acompañantes, nuestra tarea incluye descubrir qué es lo específico de cada persona, qué busca ella en particular cuando consume.

Preguntas para discutir:


  • ¿Conocemos la historia de las personas que acompañamos lo suficiente como para entender su enganche particular?

  • ¿Hemos caído en la trampa de aplicar las mismas estrategias con todos?

  • ¿Qué nos han enseñado las personas acompañadas sobre lo que la droga significa para ellas?

O1: "Los adictos no son adictos a drogas, sino que son adictos a un efecto que obtienen de las drogas: un efecto-específico-del-sujeto." [Loose, 2011, p. 4]

A2: Nadie es adicto a una sustancia. Cada quien es adicto a un efecto que solo él encuentra ahí. La química es universal; el enganche, irrepetible.

3. La cultura del "tenés que disfrutar"

Vivimos en una época donde pasarla bien se convirtió en obligación. Las redes sociales muestran gente feliz todo el tiempo, la publicidad promete satisfacción instantánea, el mensaje es claro: si no estás disfrutando, algo está mal. Este mandato cultural tiene efectos concretos sobre las personas que acompañamos.

Muchos adictos no consumen para rebelarse sino para cumplir con la exigencia de sentirse bien. La droga aparece como solución rápida cuando la vida no entrega la felicidad prometida. Además, cuando están en recuperación, pueden sentir una presión enorme por "estar bien" que paradójicamente los empuja a consumir. Como acompañantes, a veces necesitamos dar permiso para no estar bien, para que el malestar tenga lugar sin que sea una catástrofe.

Preguntas para discutir:


  • ¿Cuánta presión sienten las personas que acompañamos por "estar bien"?

  • ¿Cómo manejamos nosotros mismos el mandato cultural de la felicidad?

  • ¿Hay espacio en nuestro acompañamiento para que alguien pueda estar mal sin que eso sea un fracaso?

O1: "El goce y el placer se han convertido en un deber en nuestra cultura. Tenemos que disfrutar, porque tenemos a nuestra disposición todos los productos con los cuales hacerlo." [Loose, 2011, p. 3]

A2: El placer se volvió mandato. El adicto no desobedece la época: es su alumno más aplicado. Su exceso es obediencia disfrazada de rebeldía.

4. La droga como atajo que aísla

El sexo necesita de otra persona, el humor necesita que alguien entienda el chiste, la amistad requiere tiempo y malentendidos. La droga no necesita nada de eso: funciona sola. Esa es su eficiencia y también su trampa. La sustancia ofrece satisfacción inmediata sin pasar por el lío que implica relacionarse con otros seres humanos.

El problema es que ese atajo va dejando a la persona cada vez más sola. Los vínculos se van deteriorando, el mundo se achica, hasta que solo queda la persona y su sustancia. Como acompañantes, somos muchas veces el primer vínculo humano que se reinstala. Nuestra presencia constante, incluso cuando no "hacemos" nada especial, ya es terapéutica porque reintroduce al otro en la ecuación.

Preguntas para discutir:

  • ¿Cómo podemos ofrecer un vínculo que compita con la eficiencia de la droga sin pretender ser igual de inmediatos?

  • ¿Qué significa "estar disponible" para alguien que aprendió a no necesitar a nadie?

  • ¿Cómo manejamos el rechazo cuando la persona prefiere la sustancia a nuestra compañía?

O1: "La adicción es una elección de goce que se administra independientemente de la estructura que determina el lazo social con otras personas." [Loose, 2011, p. 5]

A2: La droga es el único objeto que nunca falla, nunca demora, nunca malentiende. Su perfección es su condena: satisface tanto que aniquila el deseo.

5. El riesgo de los ideales perfectos

Las personas en recuperación suelen buscar ideales: la abstinencia total, el programa perfecto, el gurú que tenga todas las respuestas. Esto tiene sentido porque la droga funcionaba como una solución ideal, y ahora buscan reemplazarla por otra cosa igual de completa. El problema es que los ideales perfectos tarde o temprano fallan, y cuando fallan, la caída es muy dura.


Como acompañantes, podemos sentirnos tentados a ocupar ese lugar de ideal, a ser la persona que tiene las respuestas y sabe qué hay que hacer. Pero si ocupamos ese lugar, cuando fallemos (porque vamos a fallar) la persona puede sentirse traicionada. Es mejor sostener un lugar más modesto: estamos ahí, acompañamos, no tenemos todas las respuestas pero tampoco vamos a desaparecer cuando las cosas se pongan difíciles.

Preguntas para discutir:

  • ¿Hemos sentido la presión de tener que ser "el que sabe" para alguien que acompañamos?

  • ¿Cómo manejamos nuestras propias limitaciones frente a personas que esperan soluciones ideales?

  • ¿Qué pasa cuando las personas depositan en nosotros expectativas que no podemos cumplir?


O1: "Los adictos pueden abstenerse muy bien. Siempre hay un ideal o un amo disponible. Cada

pedido de un amo parece conducir a la erección de uno o dos." [Loose, 2011, p. 15]


A2: El adicto cambia de droga, no de lógica: sustituye la sustancia por un ideal igual de absoluto. La abstinencia sostenida por un ídolo es otra forma de adicción.


6. Escuchar lo que la persona dice sobre su consumo


A veces estamos tan apurados por aplicar lo que sabemos sobre adicciones que nos olvidamos de escuchar lo que cada persona dice sobre su propio consumo. Pero nadie sabe más sobre su adicción que quien la vive. Los libros y las teorías nos dan marcos generales, pero el saber específico sobre cada caso lo tiene la persona misma, aunque muchas veces no sepa que lo tiene.


Nuestra tarea como acompañantes incluye ayudar a que ese saber emerja. Esto significa hacer preguntas genuinas (no las que ya tienen respuesta), tolerar silencios, no completar las frases del otro, permitir que la persona se contradiga y explore. A veces la información más valiosa aparece en comentarios al pasar, en chistes, en sueños que se cuentan como si no importaran.

Preguntas para discutir:


  • ¿Cuánto espacio damos a que las personas nos cuenten su propia versión de su adicción?

  • ¿Qué hemos aprendido escuchando que no hubiéramos podido saber de otra forma?

  • ¿Hay momentos donde nuestra necesidad de intervenir nos impide escuchar?

O1: "La única forma de salir del impasse es haciendo hablar la relación o el enlace entre causa y efecto... el enlace entre los aspectos patológicos es el sujeto." [Loose, 2011, p. 12]

A2: El adicto porta un saber sobre sí que no sabe que sabe. Escuchar no es esperar que termine para responder: es permitir que ese saber aparezca.

7. La importancia de poner límites

Hay una escena que se repite en muchos acompañamientos: la persona pide algo que parece excesivo, y no sabemos si decir que no es ayudar o dañar el vínculo. Pero los límites no son crueldad; son una función que muchas veces falta en la vida del adicto. La droga no pone límites: está disponible siempre, no dice que no, no pide nada a cambio. Eso que parece una ventaja es en realidad un problema, porque sin límites no hay deseo.


Decir que no, cuando corresponde, puede ser una intervención terapéutica poderosa. No se trata de ser arbitrarios o autoritarios, sino de introducir una función que la sustancia no tiene. Obviamente hay que saber cuándo y cómo, hay que tolerar la bronca que puede generar, hay que explicar sin sermonear. Pero el límite bien puesto es un acto de cuidado, no de rechazo.

Preguntas para discutir:

  • ¿Cómo distinguimos un límite necesario de una rigidez nuestra?

  • ¿Qué pasa cuando ponemos un límite y la persona reacciona mal?

  • ¿Hemos visto efectos positivos de límites bien puestos?

O1: "Este NO habría funcionado como un límite, como algo que la separa de su goce y por lo tanto habría funcionado como algo que provoca ansiedad." [Loose, 2011, p. 34]

A2: La droga nunca dice que no. Esa disponibilidad infinita es su veneno. El límite no priva: inaugura el espacio donde el deseo puede nacer.

8. Cada estructura necesita un trato distinto

No todas las personas adictas tienen la misma estructura psíquica. Para algunos la droga es una forma de conseguir un plus de placer, para otros es una forma de frenar algo que los invade. Lo que para una persona funciona como acelerador, para otra funciona como freno. Esto explica por qué el mismo tratamiento funciona maravillas con algunos y fracasa rotundamente con otros.


Como acompañantes no somos quienes diagnosticamos, pero sí podemos estar atentos a estas diferencias. Una persona que se desorganiza cuando no consume probablemente usa la droga para algo distinto que alguien que consume para "despegar". Estas observaciones pueden ser muy útiles para el equipo tratante y para ajustar nuestras propias intervenciones.

Preguntas para discutir:


  • ¿Hemos notado diferencias en cómo las personas usan las sustancias?

  • ¿Hay personas a las que acompañamos que parecen usar la droga para calmarse vs. otras que la usan para estimularse?

  • ¿Cómo comunicamos estas observaciones al equipo?

O1: "En neurosis y perversión la administración en adicción es cuestión de dispensar un goce extra. En psicosis la administración concierne al manejo de un goce insoportable." [Loose, 2011, p. 16]

A2: Uno consume para acelerar, otro para frenar. Misma sustancia, funciones opuestas. Tratar todas las adicciones igual es dar el mismo remedio a enfermedades contrarias.

9. El cuerpo guarda la historia

Antes de las palabras hubo un cuerpo en relación con otro cuerpo. La forma en que nos alzaron, nos tocaron, nos hablaron (o no), quedó grabada en nuestra manera de habitar el cuerpo. Muchos adictos tienen una relación complicada con su propio cuerpo: no lo sienten, lo sienten demasiado, lo atacan, lo descuidan. La droga a veces viene a regular algo de esa relación fallida con el cuerpo.


Como acompañantes trabajamos mucho con lo cotidiano y lo corporal: la comida, el sueño, la higiene, los horarios. Estas cosas que parecen menores pueden ser centrales. Ayudar a alguien a establecer rutinas corporales básicas, a registrar sensaciones, a habitar su cuerpo de manera más amigable, puede ser tan importante como cualquier intervención psicológica.

Preguntas para discutir:

  • ¿Qué hemos observado sobre la relación de las personas acompañadas con su propio cuerpo?

  • ¿Cómo trabajamos los aspectos corporales y cotidianos del acompañamiento?

  • ¿Hay diferencias en las personas cuando logran mejorar sus rutinas básicas?

O1: "El ritmo juega un rol en la regulación o gobierno de lo real y tiene una función en el sujeto que está íntimamente relacionada con la adquisición del significante." [Loose, 2011, p. 23]

A2: El cuerpo se armó en un baile anterior a las palabras. Sus fallas quedaron inscritas en la carne. La droga intenta reparar un ritmo que nadie recuerda haber perdido.

10. Ser el otro que faltaba

El adicto construyó un sistema donde no necesita a nadie: tiene su sustancia, tiene su ritual, tiene su forma de arreglárselas solo. El problema es que esa solución que prescinde del otro es también lo que lo destruye. Como acompañantes, nuestra función más básica es reintroducir la presencia de otro ser humano donde antes solo había una persona y su objeto.

Esto no requiere hacer cosas espectaculares. A veces es simplemente estar, aguantar, no irse aunque las cosas se pongan difíciles. Mostrar que hay un otro que tolera la frustración, que no se va cuando las cosas se ponen feas, que no ofrece soluciones mágicas pero tampoco abandona. Esa presencia constante y real es en sí misma una intervención que desafía la lógica de la adicción.

Preguntas para discutir:

  • ¿Qué significa "estar presente" para alguien que aprendió a prescindir de los otros?

  • ¿Cómo manejamos nuestra propia frustración cuando sentimos que no estamos haciendo nada?

  • ¿Hemos tenido experiencias donde nuestra simple presencia sostenida hizo diferencia?

O1: "El amor es una forma de poner el objeto a en el Otro. Tener una pregunta al respecto es intentar producir algún saber y ante todo tomar en cuenta al Otro." [van den Hoven, citado en Loose, 2011, p. 33]

A2: La adicción es un circuito cerrado perfecto: sujeto y objeto, sin interferencias. El acompañante reintroduce la falla: un otro que no completa pero tampoco abandona.

Conclusión

Las reflexiones aquí presentadas pretenden contribuir a la formación continua de quienes ejercen la función de acompañamiento terapéutico en el campo de las adicciones. El marco teórico psicoanalítico, lejos de constituir un saber abstracto y alejado de la práctica, ofrece herramientas conceptuales que permiten pensar con mayor profundidad las situaciones clínicas que se presentan cotidianamente.

La particularidad del acompañamiento terapéutico reside en su inserción en lo cotidiano, en la proximidad con aspectos de la vida del paciente que otros dispositivos no alcanzan. Esta posición privilegiada conlleva una responsabilidad: la de sostener una escucha atenta, una presencia consistente y una reflexión permanente sobre la propia práctica. Los puntos desarrollados buscan nutrir esa reflexión, no reemplazarla.

Es fundamental destacar que el saber teórico no sustituye al saber que se construye en la experiencia clínica compartida. Por ello, se recomienda utilizar este material en espacios de supervisión grupal, donde las ideas puedan ponerse en diálogo con los casos concretos y las dificultades reales que cada equipo enfrenta. La discusión colectiva enriquece la comprensión individual y fortalece la coherencia del dispositivo de tratamiento.

Finalmente, cabe señalar que el trabajo con personas en proceso de recuperación de adicciones demanda no solo competencias técnicas sino también un compromiso ético con la singularidad de cada sujeto. La adicción, comprendida como una forma de arreglárselas con el malestar, interpela nuestra capacidad de ofrecer alternativas que no sean meras sustituciones sino genuinas posibilidades de invención subjetiva. En esa apuesta reside la dignidad de nuestra tarea.

Referencias: Loose, R. (2011). Modern symptoms and their effects as forms of administration: A challenge to the concept of dual diagnosis and to treatment. En Y. Goldman Baldwin, K. Malone & T. Svolos (Eds.), Lacan and Addiction: An Anthology (pp. 1-38). Karnac Books.

 
 
 

Cada deportación intenta expulsar partes propias intolerables. El extranjero que odias habita dentro. La pureza es fantasía.



Limpieza imposible.


La pureza étnica es una fantasía de descontaminación psíquica. Expulsar al extranjero promete recuperar una integridad original que nunca existió: el sujeto busca afuera la limpieza que no encuentra adentro. Cada deportación es un intento fallido de expulsar partes propias intolerables. El muro fronterizo se vuelve un síntoma arquitectónico de las murallas internas que resguardan a un yo fragmentado.


El proyecto de purificación racial fracasa estructuralmente porque el “contaminante” habita dentro. Proyectamos en el otro precisamente aquello que no toleramos como propio: dependencia, vulnerabilidad, necesidad. Expulsar al recipiente no elimina el contenido; solo obliga a buscar un nuevo contenedor. La limpieza étnica produce más suciedad psíquica porque cada expulsión confirma que algo terrible requiere ser expulsado. El ciclo se perpetúa: a mayor búsqueda de pureza, mayor hallazgo de impureza.


La clínica actual recibe sujetos exhaustos de intentar limpiar lo que no puede limpiarse. El analista ofrece un espacio donde la contaminación temida puede ser nombrada como propia. Integrar lo impuro resulta, paradójicamente, más higiénico que la purificación perpetua.


Referencias Davids, M. F. (2021). Ethnic purity, otherness and anxiety: The model of internal racism. En K. White & I. Klingenberg (Eds.), Migration and intercultural psychoanalysis: Unconscious forces and clinical issues (pp. 11–29). Routledge.


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