Psicoanálisis y liberación.
Actualizado: hace 2 días

Casi nadie asocia el diván con la barricada. Y sin embargo el psicoanálisis, lejos de ser un lujo burgués para resolver crisis privadas, puede convertirse en una herramienta para los movimientos de liberación. Parker y Pavón-Cuéllar (2021) lo plantean sin rodeos: reconstruido como "psicología crítica", el psicoanálisis puede ayudarnos a comprender —y transformar— las condiciones de una existencia oprimida, en lugar de simplemente ayudarnos a tolerarla.
La psicología convencional, la psiquiatría y buena parte de la psicoterapia funcionan como calmantes: individualizan el malestar y entrenan al sujeto para adaptarse mejor a lo que lo enferma. El psicoanálisis radical hace justo lo contrario. Escucha el síntoma no como una avería a reparar, sino como una voz que insiste en decir algo que la sociedad prefiere no oír. Cada síntoma es, en ese sentido, un fragmento de historia y de conflicto político condensado en un cuerpo, esperando traducción.
El inconsciente tampoco es ese sótano oscuro donde guardamos traumas privados. Es, más bien, el lugar donde lo íntimo y lo colectivo resultan indistinguibles: una trama simbólica que nos amarra a los otros antes de que podamos elegirlo. Pensar el inconsciente como territorio político —y no como propiedad privada del yo— permite ver cómo el capitalismo, el patriarcado, el colonialismo y el racismo no solo actúan "afuera", sino que se alojan en la manera en que hablamos, deseamos y nos reconocemos a nosotros mismos.
Ahí aparece algo incómodo: repetimos. Repetimos derrotas, vínculos que dañan, historias que juramos no volver a vivir. La repetición, ese mecanismo que Freud describió en la clínica, es también el mecanismo de los movimientos de liberación cuando tropiezan una y otra vez con los mismos callejones sin salida. Pero el psicoanálisis ofrece un matiz decisivo: repetir no es un destino cerrado. En cada repetición cabe una diferencia mínima, una grieta por donde puede colarse otra cosa. Fallar mejor, dirían los autores, ya es una forma de libertad.
Algo similar ocurre con la pulsión, esa fuerza que no nace del cuerpo ni de la cultura por separado, sino del roce entre ambos. El capitalismo sabe canalizarla con eficacia: la convierte en consumo, en competencia, en acumulación sin fin, es decir, en pulsión de muerte disfrazada de progreso. Reconocer ese secuestro es el primer paso para reorientar el deseo —nunca del todo domesticado— hacia vínculos que no exploten ni desechen al otro.
La transferencia, por su parte, desnuda algo que otras disciplinas "psi" prefieren disimular: que toda relación de ayuda es también una relación de poder. Donde la psicoterapia convencional refuerza esa jerarquía bajo el disfraz del cuidado, el psicoanálisis radical la vuelve visible y, con eso, cuestionable. Ahí el sujeto puede pasar de obedecer al poder a interrogarlo —ese gesto que los autores llaman histerización, la posición de quien pregunta lo que nadie más se atreve a preguntar.
Ninguna de estas ideas se "aplica" desde el psicoanálisis hacia la política, como si una fuera la teoría y la otra su campo de pruebas. Lo que Parker y Pavón-Cuéllar proponen es más radical: reconocer que la subjetividad ya es política y que la política ya es subjetiva. El horizonte compartido es un mundo donde la asociación libre —la del diván y la de la asamblea— deje de ser una excepción y donde cada sujeto pueda sostener su singularidad sin pagarla con sumisión.
Frente a las falsas promesas de adaptación que venden las profesiones psi, el psicoanálisis radical no promete curar el malestar dentro del sistema que lo produce: propone transformar ese sistema. Su ambición final, dicen los autores, no es perpetuarse como disciplina, sino volverse innecesario en un mundo distinto —uno donde la liberación colectiva permita formas de vida no alienadas, y donde el desarrollo libre de cada quien sea, por fin, condición del desarrollo libre de todos.
Referencias
Parker, I., y Pavón-Cuéllar, D. (2021). Psicoanálisis y revolución: Psicología crítica para movimientos de liberación. Pólvora Editorial.




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