La prótesis que llevamos en el yo.

Creemos que usamos el celular. Pero cuando se pierde, no extrañamos un aparato: extrañamos un pedazo del yo.
Nadie sale de casa sin revisar tres cosas: llaves, cartera y celular. Las dos primeras abren puertas; la tercera, ya no sabemos bien qué abre. Guarda nuestros recuerdos, nuestras direcciones, las voces que queremos oír. Cuando se pierde, no sentimos que perdimos un objeto, sino un pedazo de memoria.
¿Pero quién usa a quién? Lo que empezó como herramienta terminó funcionando como un yo auxiliar, una extensión del cuerpo y de la mente. Ahí aparece algo incómodo: ninguna prótesis llega vacía. Trae consigo la ansiedad por la respuesta inmediata, la costumbre de no esperar, la ilusión de estar siempre disponible. Delegamos en ella lo que antes era trabajo propio.
La clínica actual recibe a sujetos que transfieren sobre sus aparatos tanto como sobre sus vínculos. Una llamada caída puede sentirse como abandono; un mensaje sin respuesta, como rechazo. El trabajo analítico empieza cuando esa prótesis deja de ser invisible y se vuelve pregunta.
Lectura
Carlino, R. (2010). Psicoanálisis a distancia. Lumen.





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