Por qué nadie está nunca del todo.

Nadie que amas está nunca del todo presente ni del todo ausente. Amar es aprender a vivir en esa distancia, no a cerrarla.
Hay una escena que se repite en casi toda pareja: uno espera el mensaje, revisa el reloj, interpreta cada silencio como señal. Cuando el otro aparece, todo se calma; cuando tarda, algo se derrumba por dentro. Creemos que amar es tener al otro entero, presente, disponible, como prueba definitiva de que ese amor existe.
Pero basta observar con cuidado para notar algo incómodo: ese otro nunca termina de estar ahí del todo, y sin embargo tampoco falta por completo. No se ausenta ni se entrega enteramente; ocupa un lugar impreciso, suspendido entre la certeza de tenerlo y la sospecha de haberlo perdido, vaivén que ninguna promesa logra fijar.
Esa zona intermedia, lejos de ser un simple defecto del vínculo, es su condición misma. La experiencia analítica muestra que el amor no se sostiene en la posesión completa de nadie, sino en aprender a habitar esa distancia entre el centro y el abandono, sin exigirle jamás al otro que la cierre.
Lectura
Lacan, J. (2012). El Seminario de Jacques Lacan. Libro 19: ...o peor, 1971-1972 (G. Arenas, trad.; J.-A. Miller, ed.). Paidós. (Obra original publicada en 2011)




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