La guerra de uno contra uno mismo.

Buscamos siempre al responsable de la violencia. Pero hay un daño sin autor externo: el que uno se inflige a sí mismo sin que nadie lo obligue.
La violencia tiene responsables. Un opresor, un sistema, una estructura que somete: cuando algo nos daña, buscamos la mano que aprieta, la clase que domina, el poder que explota. Aprendimos a pensar el sufrimiento social como el efecto de alguien sobre alguien, de un fuerte sobre un débil.
Pero hay un daño que ya no viene de afuera ni de arriba. El sujeto de rendimiento no tiene amo que lo oprima: se agrede a sí mismo, libra contra sí una guerra que ninguna estructura le impone. La violencia se ha replegado hacia dentro, se ha vuelto invisible porque ya no enfrenta a dos, sino que ocurre dentro de uno solo.
Que la violencia pudiera no tener autor externo dormía en esa libertad sin dominador. Al desaparecer el opresor, no desapareció la opresión: se interiorizó, y el sujeto quedó como único frente de batalla contra sí mismo. Esta violencia no deja ver a un culpable, y por eso nadie la denuncia. El sujeto contemporáneo está herido por una guerra interna que se inflige solo, convencido de que nadie lo obliga a combatir.
Lecturas
Han, B.-C. (2015). The burnout society (E. Butler, Trad.). Stanford University Press. (Obra original publicada en 2010)





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