El aburrimiento que no toleramos.

Llenas cada segundo vacío para no aburrirte. Pero del aburrimiento profundo nace todo lo nuevo. Huyendo del tedio, huyes de tu propia hondura.
El aburrimiento es algo que hay que eliminar. Apenas asoma, lo combatimos: un video, un mensaje, un desplazamiento infinito del dedo sobre la pantalla. Nada debe quedar vacío. El tiempo muerto es tiempo perdido, y aprendimos a llenarlo antes de que duela.
Sin embargo, de ese vacío que evitamos nace todo lo nuevo. El aburrimiento profundo es el ave que incuba el huevo de la experiencia. La prisa solo reproduce y acelera lo que ya existe; nada original brota de quien no soporta detenerse. Quien huye del tedio huye también de su propia hondura.
Aquello que evitábamos como pérdida era la condición misma de toda creación. El que camina aburrido y no lo tolera apura el paso; el que lo habita descubre que puede dejar de caminar y empezar a bailar. Solo el ser humano danza, y solo desde el reposo. El sujeto contemporáneo, incapaz de demorarse, corre cada vez más rápido hacia ningún lugar nuevo.
Lectura
Han, B.-C. (2015). The burnout society (E. Butler, Trad.). Stanford University Press. (Obra original publicada en 2010)




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