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26 ene 2025
1 min de lectura


El trabajo analítico nos confronta con una evidencia innegable: el mercado ha tomado el lugar del antiguo amo. Ya no obedecemos a reyes ni dictadores, sino a algoritmos que predicen nuestros deseos, a métricas que evalúan nuestra productividad, a índices que miden nuestro valor. El discurso capitalista opera como un amo invisible pero omnipresente, que no necesita látigo porque tiene publicidad.


Este nuevo amo es más eficiente que cualquier tirano histórico: no demanda sumisión explícita, sino que nos hace creer que elegimos libremente nuestra servidumbre. Cada acto de consumo es celebrado como una expresión de libertad individual, mientras nos ata más firmemente a la cadena del deseo programado. El mercado no prohíbe: seduce, promete, incita.


La verdadera perversión del discurso capitalista radica en su capacidad para convertir incluso la rebeldía en mercancía. Nuestras protestas se transforman en tendencias de mercado, nuestro malestar en oportunidades de negocio, nuestra búsqueda de alternativas en nuevos nichos de mercado. El amo moderno no teme la revolución: la empaqueta y la vende con descuento.


 
 
 
26 ene 2025
1 min de lectura


La esclavitud se ha vuelto elegante. Ya no necesita cadenas visibles ni amos con rostro: opera a través de algoritmos que predicen y moldean nuestros deseos, a través de pantallas que nos mantienen cautivos voluntarios. El poder ya no se ejerce desde el castigo sino desde la seducción. Cada 'like', cada 'click', cada interacción digital refuerza los barrotes invisibles de nuestra prisión confortable.


Los nuevos dispositivos de control son tan sofisticados que nos hacen creer que somos más libres que nunca. Compartimos voluntariamente cada aspecto de nuestra vida, entregamos gustosamente nuestros datos más íntimos, construimos alegremente nuestras propias cadenas digitales. La vigilancia ya no necesita espías: tenemos smartphones que hacen ese trabajo por ella.


Lo verdaderamente perverso de este sistema es que nos hace amar nuestra servidumbre. Ansiamos el próximo dispositivo que nos vigilará mejor, esperamos con impaciencia la siguiente actualización que refinará nuestro perfil de consumidor. La esclavitud moderna no solo viene con wifi incluido: viene con lista de espera y fanáticos acampando frente a las tiendas para ser los primeros en encadenarse.


 
 
 
25 ene 2025
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Nadie habita fuera del discurso. Desde el momento en que nacemos, somos capturados por una red de significantes que nos precede y nos constituye. El lenguaje no es una herramienta que usamos: es la materia misma de la que está hecho nuestro ser social. Incluso cuando creemos estar en silencio, estamos habitados por las palabras de otros.


La experiencia analítica nos muestra que cada síntoma, cada fantasía, cada forma de sufrimiento está tejida con los hilos del discurso social. El analizante que cree hablar solo desde su historia personal descubre, poco a poco, que sus palabras más íntimas están entrelazadas con los significantes de su época, de su clase, de su cultura. No hay subjetividad que no esté atravesada por al menos un discurso.


Lo que llamamos "yo" es, en realidad, un punto de cruce donde diversos discursos se encuentran y se anudan. Nuestra singularidad no reside en estar fuera del discurso, sino en la forma única en que cada uno habita y es habitado por estos discursos que nos constituyen. El verdadero acto analítico consiste en hacer visible esta trama invisible que nos sostiene y nos determina.


 
 
 

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