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Saber no es poder.

Sabemos qué nos daña. Lo elegimos igual. El análisis desmonta lo que impide querer el bien conocido.

Saber no es poder.

Sabemos que fumar mata. Fumamos igual. Sabemos que esa relación nos daña. Volvemos igual. El alcohólico conoce perfectamente los efectos del alcohol. El neurótico identifica sus patrones repetitivos. La información no basta para cambiar. Algo en nosotros quiere otra cosa que el bien. Este es el escándalo que el análisis enfrenta cada día.


Preferimos el sufrimiento conocido a la angustia de lo nuevo. Hay una inercia que nos ata a lo que daña. No es masoquismo simple; es algo más profundo. Repetimos porque, de algún modo oscuro, gozamos de la repetición. La parte de nosotros que no quiere cambiar es más fuerte de lo que admitimos. Conocer el problema es apenas el primer paso.


El analizante descubre que su problema no es ignorancia sino voluntad dividida. No hay pedagogía del deseo. El trabajo analítico no enseña lo que conviene. Desmonta, pieza por pieza, lo que impide querer lo que ya se sabe.


Lecturas: Lacan, J. (1964/2003). El seminario de Jacques Lacan. Libro 11: Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis. Paidós.

 
 
 

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