Morir lentamente para no perder.
- Psicotepec

- 26 ene
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Morimos lentamente con lo perdido para no sentirnos traidores. La lealtad se convierte en cárcel.

Morir lentamente para no perder.
Aceptar una pérdida implica aceptar que el tiempo pasa y no vuelve. Que algunas cosas terminan para siempre. Esta verdad resulta tan insoportable que muchos prefieren detener el reloj interno y habitar un presente donde nada cambia ni se pierde jamás.
El melancólico descubre una solución paradójica: fusionarse con lo perdido. Si el objeto muere y yo sobrevivo, soy traidor. Si muero con él, soy leal. La identificación total evita la separación pero congela la vida. El precio de no perder es no vivir.
La experiencia analítica acompaña el deshielo con paciencia. Ayuda a distinguir entre lealtad genuina y prisión voluntaria. Soltar no es abandonar lo amado; es reconocer que la vida continúa aunque duela. Sobrevivir a la pérdida no es traición; es el único homenaje posible.




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