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El Racista Íntimo.

Declararte antirracista no desmantela tu racismo interno. La proyección opera sin consultar tu ideología consciente.



El Racista Íntimo.


El racista más peligroso no marcha en manifestaciones ni grita consignas: habita silenciosamente en cada psique humana. No es el monstruo exterior que señalamos con comodidad moral, sino el arquitecto interno que organiza nuestras ansiedades depositándolas en el cuerpo del diferente. Construimos muros contra el otro para protegernos de nosotros mismos.


La identificación proyectiva cruza la frontera del color con eficiencia quirúrgica. Depositamos en la piel ajena lo intolerable de la propia—dependencia, fragilidad, necesidad de pertenencia. El sujeto queda liberado; el objeto, condenado a cargar equipaje que nunca empacó. La paradoja estructural: cuanto más exitosa la proyección, más invisible se vuelve para quien la ejecuta. La defensa perfecta es aquella que borra sus propias huellas.


El sujeto contemporáneo se declara antirracista mientras sus mecanismos inconscientes operan intactos. La corrección política enmascara sin desmantelar. Enfrentar al racista interior exige excavación arqueológica en territorio que preferimos creer inexistente.


Psicoterapia
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