El baile que nos armó.
- Psicotepec

- 26 ene
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El cuerpo se armó en un baile con otro. Las fallas de ese ritmo quedaron grabadas. La droga intenta tapar los huecos.

El baile que nos armó.
Antes de cualquier palabra hay un ritmo entre madre y bebé que arma el cuerpo. Sonidos, silencios, miradas, pausas: una conversación sin palabras que organiza la carne en algo habitable. Las fallas de ese baile —los huecos, los excesos, las ausencias— quedan grabadas para siempre. Lo que la droga hace en el cuerpo tiene que ver con ese ritmo original.
El lenguaje nace del ritmo compartido. Lo que importa clínicamente son las fallas: los silencios donde tenía que haber voz, las invasiones donde tenía que haber pausa. El adicto busca en la sustancia algo que regule un cuerpo mal armado por ritmos fallidos. La droga ofrece una regularidad mecánica que el otro materno no dio.
La escucha analítica busca esas irregularidades antiguas. En los tropiezos al hablar, en las repeticiones, en los silencios raros, resuenan los ritmos viejos que hicieron de ese cuerpo lo que es.
Referencias:
Loose, R. (2011). Modern symptoms and their effects as forms of administration. En Y. Goldman Baldwin, K. Malone & T. Svolos (Eds.), Lacan and Addiction: An Anthology (pp. 1-38). Karnac Books.




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