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El algoritmo interior.

Tu feed está curado para confirmar lo que ya creías. Tu mente hace lo mismo con el extranjero—mucho antes de internet.

El algoritmo interior.

Las redes sociales no inventaron la cámara de eco—solo digitalizaron algo que siempre existió en la mente. Mucho antes de que el algoritmo nos mostrara solo lo que queremos ver, ya filtrábamos la realidad para confirmar nuestros prejuicios. El feed de noticias simplemente replica un mecanismo psíquico antiguo: ver en el otro únicamente lo que depositamos en él.

Hoy compartimos indignación contra el racismo mientras nuestro cuerpo cruza la calle cuando alguien "sospechoso" se acerca. Firmamos peticiones por los derechos de los migrantes y simultáneamente sentimos alivio cuando el vuelo no viene lleno de "cierto tipo de gente". La contradicción no es hipocresía consciente—es el choque entre lo que creemos pensar y lo que realmente opera en automático. El like no desmantela el prejuicio; a veces solo lo disfraza de virtud.

El desafío actual no es tener las opiniones correctas en público sino examinar las reacciones que ocurren antes de que podamos editarlas. El racismo interno no se cura con hashtags—se transforma con honestidad incómoda sobre lo que sentimos cuando nadie nos ve.

Referencia:

Davids, M. F. (2021). Ethnic purity, otherness and anxiety: The model of internal racism. En K. White & I. Klingenberg (Eds.), Migration and intercultural psychoanalysis: Unconscious forces and clinical issues (pp. 11–29). Routledge.


Psicoterapia
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