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Acompañantes terapéuticos (3)

Del "no" a la nariz: cuando el límite se inscribe en el cuerpo.



Introducción


El presente documento constituye una herramienta de formación y reflexión destinada a profesionales y técnicos que desempeñan funciones de acompañamiento terapéutico con personas en proceso de recuperación de adicciones. Su objetivo es promover el pensamiento crítico sobre la práctica cotidiana, articulando aportes teóricos del psicoanálisis contemporáneo con las exigencias concretas del trabajo de campo.

El capítulo de Rolf Flor presenta un caso clínico detallado que permite observar cómo la adicción puede permanecer oculta durante mucho tiempo, incluso en un tratamiento en curso. El juego de palabras del título —"knows" (sabe), "no's" (los no), "nose" (nariz)— condensa una tesis fundamental: la adicción transforma el "no" simbólico en algo corporal, localizado en un órgano. El caso de Jack ilustra cómo el significante se inscribe en el cuerpo de maneras inesperadas.

Los diez puntos que se desarrollan a continuación no pretenden establecer protocolos rígidos ni respuestas definitivas. Por el contrario, buscan funcionar como disparadores para la discusión grupal y la supervisión, facilitando la elaboración colectiva del saber que se produce en la experiencia clínica. Cada punto presenta una idea central derivada de la lectura del texto fuente, seguida de preguntas orientadoras para el intercambio.

Para quienes ejercen el acompañamiento terapéutico, este caso ofrece lecciones valiosas sobre la escucha, la paciencia, los límites del saber profesional y la importancia de no dar nada por supuesto. La adicción de Jack permaneció invisible durante meses de tratamiento con múltiples terapeutas. Esto invita a reflexionar sobre qué podemos estar dejando de ver en nuestra propia práctica.

1. La adicción oculta

Jack estuvo en tratamiento durante años con varios terapeutas y un psiquiatra, pero ninguno sabía que tenía una adicción activa. Snorteaba su medicación (metilfenidato) en el estacionamiento antes de cada sesión. La adicción estaba literalmente en la puerta del consultorio, pero nadie la veía. Solo cuando tuvo una hemorragia nasal severa, la historia comenzó a salir.

Esto es una advertencia para todos los que trabajamos en este campo: la adicción puede estar presente aunque no sea visible ni nombrada. Las personas no siempre vienen diciendo "soy adicto, ayúdenme". A veces vienen por otra cosa —problemas de pareja, autoestima, diagnósticos psiquiátricos— y la adicción está ahí, silenciosa, sosteniendo todo sin que nadie la mencione.

Preguntas para discutir:


  • ¿Hemos tenido experiencias donde descubrimos una adicción que no era evidente al principio?

  • ¿Qué señales podrían indicar un consumo oculto?

  • ¿Damos por sentado que sabemos todo sobre el consumo de las personas que acompañamos?

Cita: "Aunque Jack había estado en tratamiento en nuestra clínica durante varios años, solo su psiquiatra había permanecido constante. Había visto a tres terapeutas anteriores." [Flor, 2011, p. 60]

Síntesis: La adicción puede estar ahí sin que nadie la vea. Años de tratamiento, múltiples profesionales, y el consumo activo seguía oculto. Nunca dar nada por supuesto.

2. El diagnóstico como refugio

Jack se aferraba a su diagnóstico de TDAH como una explicación total. Todo era "desequilibrio químico": su falta de concentración, sus problemas de pareja, su dificultad para llegar a tiempo. El diagnóstico funcionaba como un escudo: si todo es químico, nada es su responsabilidad. La medicación era la solución y cualquier cuestionamiento era un ataque.


Como acompañantes, encontramos frecuentemente personas que usan diagnósticos de esta manera. El diagnóstico puede ser válido, pero también puede convertirse en una coartada que impide cualquier pregunta sobre la propia posición subjetiva. "Soy bipolar", "tengo TDAH", "es mi ansiedad" pueden ser formas de decir "no me preguntes más, no hay nada que yo pueda hacer".

Preguntas para discutir:


  • ¿Observamos personas que usan sus diagnósticos como explicación total de todo lo que les pasa?

  • ¿Cómo equilibramos el respeto por el diagnóstico con la apertura a otras preguntas?

  • ¿El diagnóstico a veces cierra la posibilidad de que la persona se haga cargo de algo?


Cita: "Claramente quería que yo supiera su diagnóstico y qué había aliviado su condición. Se las arregló para volver varias veces a ambos temas." [Flor, 2011, p. 61]

Síntesis: El diagnóstico puede ser refugio: si todo es químico, nada es mi responsabilidad. El nombre de la enfermedad a veces cierra las preguntas en lugar de abrirlas.

3. El habla que no deja espacio

Jack hablaba sin parar, llenando cada sesión sin dejar espacio para que el terapeuta dijera algo. Cuando el terapeuta intentaba intervenir, Jack subía levemente el volumen y seguía. Terminaba las sesiones él mismo diciendo "nos vemos la semana que viene". Este modo de hablar producía ansiedad en el terapeuta, la sensación de no poder entrar.


Este patrón es frecuente y vale la pena pensarlo. Algunas personas hablan para no escuchar, llenan el espacio para que nada nuevo pueda entrar. El habla continua puede ser una defensa tan efectiva como el silencio. Como acompañantes, a veces sentimos que "no podemos meter una palabra", que todo lo que decimos rebota. Esa sensación es información clínica valiosa.


Preguntas para discutir:


  • ¿Conocemos personas que hablan sin parar y no dejan espacio para intervenir?

  • ¿Cómo nos sentimos cuando eso pasa? ¿Qué hacemos con esa sensación?

  • ¿El habla continua puede ser una forma de evitar escuchar algo?

Cita: "Él parecía jugar ambas partes en nuestro diálogo. Necesitaba hablar rápido o más fuerte para meter una palabra; aun así no estaba seguro de que él hubiera atendido a lo que yo había dicho." [Flor, 2011, p. 62]

Síntesis: Hablar sin parar puede ser defensa: llenar el espacio para que nada entre. La sensación de no poder intervenir es información clínica, no fracaso personal.

4. La madre que nunca se alteraba

La madre de Jack era psiquiatra y, según él, nunca se alteraba por nada. "Tiene que estar calmada: es psiquiatra, todo el tiempo". Nunca reconoció su relación lésbica con palabras, simplemente la vivía sin hablarla. Cuando Jack le pegó accidentalmente a su hermano con un bate en la cara, fue la única vez que la vio enojarse, y fue para decir "¿Por qué no puedes prestar atención?".


Esta figura materna que no se altera, que no nombra las cosas, que responde a todo con frialdad profesional, aparece como telón de fondo del caso. Un Otro que no reacciona, que no pone palabras a las cosas, que reduce todo a "desequilibrio químico". Jack creció con alguien que tenía respuesta para todo pero que quizás nunca realmente lo escuchó.


Preguntas para discutir:

  • ¿Qué lugar ocupa la historia familiar en nuestra comprensión de las personas que acompañamos?

  • ¿Hay figuras parentales que "saben todo" pero no escuchan nada?

  • ¿Cómo afecta crecer con alguien que nunca se altera ni nombra las cosas?


Cita: "Ella nunca tuvo dudas, según él la describía. Siempre estaba 'tranquila, fría y serena'. 'Tiene que estar calmada: es psiquiatra, todo el tiempo'." [Flor, 2011, p. 61]


Síntesis: Una madre que nunca se altera, que no nombra nada, que reduce todo a química. Jack creció con alguien que tenía todas las respuestas pero quizás ninguna escucha.


5. La nariz como escritura en el cuerpo


El título del capítulo juega con "knows" (sabe), "no's" (los no) y "nose" (nariz). La tesis es que Jack transformó el "no" que debería haber incorporado simbólicamente en algo corporal: su nariz. Desde niño metía cosas en la nariz, le producía una sensación de alerta, lo hacía "sentir vivo". La cocaína y luego el metilfenidato snorteado continuaron esta lógica.

Esto muestra cómo el cuerpo puede convertirse en lugar de inscripción de algo que no se tramitó con palabras. La adicción de Jack no era solo un problema de sustancias: era una forma de manejar algo a través de un órgano específico. La nariz se convirtió en el lugar donde se jugaba su relación con el "no", con los límites, con la ley.

Preguntas para discutir:

  • ¿Observamos en las personas que acompañamos relaciones particulares con partes del cuerpo?

  • ¿La forma de consumir (oral, nasal, inyectada) puede tener significados singulares?

  • ¿El cuerpo puede ser lugar donde se inscribe algo que no se tramitó con palabras?

Cita: "Jack vivió su vida para ser una nariz; parece haber convertido su 'no' en 'nose' (nariz). Los químicos, tanto reales como imaginados, entraban en su nariz para poder permanecer vivo, en movimiento y energético." [Flor, 2011, p. 71]

Síntesis: El "no" simbólico se volvió "nose" corporal. La nariz de Jack era el lugar donde se jugaba su relación con los límites. El cuerpo escribe lo que las palabras no tramitan.

6. "Lo hice por ti"

Cuando el terapeuta finalmente descubre que Jack snorteaba antes de cada sesión, le pregunta por qué lo hacía. Jack responde: "Lo hice por ti. Así estoy concentrado". Esta respuesta es desconcertante pero reveladora: Jack consumía para poder estar presente en la sesión, para poder hablar sin parar, para poder mantener su modo habitual de funcionamiento.

Esto abre una pregunta difícil: ¿qué parte del paciente que vemos es "él" y qué parte es el efecto de la sustancia? ¿El Jack que hablaba sin parar era Jack o era la medicación snorteada? Cuando alguien dice que consume "para funcionar", ¿quién es el que funciona? Como acompañantes, a veces vemos personas que solo pueden estar presentes bajo efecto de algo.

Preguntas para discutir:

  • ¿Hemos conocido personas que dicen necesitar consumir para poder funcionar en situaciones sociales?

  • ¿Qué hacemos cuando sospechamos que alguien viene a los encuentros bajo efecto de sustancias?

  • ¿Cómo trabajamos con alguien que siente que no puede "ser él mismo" sin consumir?

Cita: "Le pregunté por qué haría esto. Me dijo 'no volveré a hacerlo nunca'. Repetí mi pregunta. Me dijo 'no te enojes'. Le pregunté si parecía enojado. Dijo: 'No... Y no deberías estarlo... Lo hice por ti.'" [Flor, 2011, p. 70]

Síntesis: "Lo hice por ti": consumía para estar presente en sesión. La pregunta incómoda: ¿quién es el que aparece cuando solo puede funcionar bajo efecto de algo?

7. Lo que huele a fracaso

Jack tenía una relación muy problemática con la sexualidad. Evitaba las relaciones con su esposa porque después del orgasmo quedaba en un estado de vacío y malestar. Decía: "Mi pene está todo arrugado. Todo huele a fracaso". Prefería la masturbación, y cuando tenía sexo oral con su esposa, hablaba de cuentas por pagar mientras lo hacía.

Esta desconexión entre la sexualidad y el placer, esta sensación de fracaso y vacío después del acto, aparece frecuentemente en personas adictas. Como señala el capítulo de Naparstek, la droga permite romper con lo fálico, evitar todo el lío del encuentro sexual. En Jack, la sexualidad estaba profundamente perturbada, y la nariz había tomado el lugar del órgano sexual como fuente de sensación.

Preguntas para discutir:


  • ¿Observamos dificultades sexuales en las personas que acompañamos?

  • ¿El tema de la sexualidad es algo que se puede hablar o queda siempre afuera?

  • ¿Hay relación entre los problemas sexuales y el consumo de sustancias?

Cita: "Sus experiencias sexuales, después de un muy breve período de disfrute, no eran placenteras. Se encontraba completamente sin vida y distímico después de cada orgasmo. 'Mi pene está todo arrugado. Todo huele a fracaso.'" [Flor, 2011, p. 65]

Síntesis: La sexualidad de Jack estaba marcada por el vacío y el fracaso. "Todo huele a fracaso". La nariz tomó el lugar que el sexo no podía ocupar.

8. El sueño de la nariz sangrante

Jack trae un sueño donde su hijo aparece con el uniforme de fútbol roto, lleno de sangre, con sangre saliendo de la nariz "como un hijo de puta". El terapeuta anota mentalmente: nariz, sangre, el hermano al que Jack golpeó con un bate en la cara, el peligro de que "la nariz empujada hacia el cráneo" pudiera matar.

Los sueños pueden ser vía de acceso a algo que no se dice de otra forma. Este sueño condensa temas centrales: la violencia, la nariz, la sangre, el hermano, la madre que solo reaccionó cuando hubo peligro de muerte. Como acompañantes, no interpretamos sueños, pero podemos prestar atención cuando aparecen, escuchar qué asociaciones trae la persona, registrar imágenes que se repiten.

Preguntas para discutir:

  • ¿Las personas que acompañamos cuentan sueños? ¿Les preguntamos por ellos?

  • ¿Qué hacemos cuando aparece material onírico?

  • ¿Hay imágenes o temas que se repiten en lo que cuentan?

Cita: "Sangre salía de su nariz como un hijo de puta. Después de una pausa añadió: 'Estaba orgulloso de él porque sabía que el otro chico debía verse mucho peor.'" [Flor, 2011, p. 65]

Síntesis: El sueño condensa los temas: nariz, sangre, violencia, hermano, la madre que solo reaccionó ante el peligro de muerte. Los sueños pueden mostrar lo que no se dice.

9. La partida abrupta

Después de revelar su adicción, Jack faltó a las siguientes sesiones. Perdió su trabajo y su seguro médico. No respondió a los intentos de contacto del terapeuta. El caso se cerró sin cierre. El terapeuta se queda con preguntas: ¿Jack le contó porque ya había decidido irse? ¿Esperaba que lo detuvieran? ¿Contó más de lo que podía soportar que supieran?

Las partidas abruptas son frecuentes en el trabajo con adicciones. Personas que desaparecen justo cuando algo importante empieza a moverse. A veces es huida, a veces es vergüenza, a veces es que el tratamiento tocó algo insoportable. Como acompañantes, necesitamos prepararnos para estas partidas sin tomarlas como fracaso personal, pero tampoco sin quedarnos con las preguntas.

Preguntas para discutir:

  • ¿Cómo manejamos las partidas abruptas de personas que acompañamos?

  • ¿Hemos visto personas que se van justo cuando algo importante empieza a surgir?

  • ¿Qué hacemos con el no-cierre, con los casos que quedan abiertos?

Cita: "Después de no responder a ninguno de mis esfuerzos de contacto, cerré su caso. Después, frecuentemente me encuentro reflexionando sobre mi experiencia con Jack y su nariz." [Flor, 2011, p. 70]

Síntesis: Jack se fue cuando su secreto salió a la luz. Las partidas abruptas son frecuentes: ¿huida, vergüenza, o tocamos algo insoportable? El no-cierre es parte del trabajo.

10. Las limitaciones de la clínica

El autor reconoce su desilusión con la clínica contemporánea: la intrusión de la política, el eclectismo desesperado, el dominio de la biología reductiva. Jack había pasado por múltiples terapeutas y un psiquiatra, todos trabajando con la idea de que el problema era un "desequilibrio químico" que se resolvía con medicación. La adicción activa pasó desapercibida durante años.

Este reconocimiento honesto de los límites del sistema es importante para quienes trabajamos en él. No se trata de desmoralizarse sino de mantener una mirada crítica que permita hacer algo distinto. El autor eligió quedarse en salud mental comunitaria y ver qué podía hacerse. Como acompañantes, también trabajamos dentro de sistemas imperfectos, con recursos limitados, con paradigmas que no siempre compartimos.

Preguntas para discutir:

  • ¿Qué limitaciones del sistema de salud observamos en nuestra práctica?

  • ¿Cómo trabajamos dentro de paradigmas que no siempre compartimos?

  • ¿Qué podemos hacer distinto dentro de las estructuras existentes?

Cita: "Estoy desilusionado con la clínica contemporánea. Mi duda e insatisfacción se extiende más allá del tratamiento de adicciones en salud mental comunitaria: la intrusión de la política, la desesperación del eclectismo, y el dominio de la biología reductiva son omnipresentes." [Flor, 2011, p. 62]

Síntesis: La clínica tiene límites: política, eclectismo, biologicismo. Jack pasó años en tratamiento y nadie vio su adicción. Reconocer los límites del sistema para poder hacer algo distinto dentro de él.

Conclusión

Las reflexiones aquí presentadas pretenden contribuir a la formación continua de quienes ejercen la función de acompañamiento terapéutico en el campo de las adicciones. El caso clínico presentado por Rolf Flor ofrece una oportunidad única para reflexionar sobre los límites del saber profesional, la complejidad de la escucha y las múltiples formas en que la adicción puede permanecer oculta.

La tesis central del capítulo —que Jack convirtió el "no" simbólico en "nose" corporal— invita a pensar la adicción no solo como un problema de sustancias sino como una forma de inscripción en el cuerpo de algo que no encontró tramitación simbólica. Esta perspectiva enriquece la mirada clínica y abre preguntas sobre la singularidad de cada caso.

Para el acompañamiento terapéutico, el caso de Jack ofrece varias lecciones prácticas: no dar por supuesto que conocemos todo sobre el consumo de las personas, prestar atención a las sensaciones que nos producen los pacientes (la ansiedad del terapeuta ante el habla imparable de Jack era información valiosa), observar las relaciones particulares con partes del cuerpo, y estar preparados para partidas abruptas sin tomarlas como fracaso personal.

Finalmente, el reconocimiento honesto de las limitaciones de la clínica contemporánea invita a una posición de humildad y crítica constructiva. Trabajamos dentro de sistemas imperfectos, con paradigmas que no siempre compartimos, pero eso no impide que algo valioso pueda ocurrir en el encuentro con cada persona. La pregunta que el autor se hace al final —¿podría la nariz convertirse en un punto de partida para un trabajo futuro?— queda abierta como invitación a seguir pensando.

Referencias: Flor, R. (2011). Knows no's nose. En Y. Goldman Baldwin, K. Malone & T. Svolos (Eds.), Lacan and Addiction: An Anthology (pp. 59-72). Karnac Books.

 
 
 

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