Rostros pixelados.
- Psicotepec

- 17 dic 2025
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Tu pantalla es un escudo contra el rostro que te mira. Cada filtro elimina la alteridad que podría convertirte en rehén infinito.

Rostros pixelados.
Cada selfie ejecuta un magnicidio silencioso: asesina el rostro del Otro antes de que pueda interpelarnos. Las redes sociales perfeccionan la alquimia levinasiana transformando la alteridad radical en contenido digerible para nuestro narcisismo algorítmico. El rostro, esa epifanía ética que debería paralizarnos con su vulnerabilidad infinita, se convierte en imagen procesada, filtrada, editada hasta eliminar toda huella de lo absolutamente Otro. Donde debería emerger la responsabilidad infinita, aparece el double tap automático.
La pantalla funciona como escudo contra el trauma del encuentro verdadero. Mediamos cada proximidad para evitar ser tomados como rehenes por la mirada ajena. Instagram stories reemplazan historias reales; los filtros protegen contra rostros sin maquillaje ontológico. Esta distancia tecnológica nos libera de la angustia ética pero nos condena a relacionarnos únicamente con versiones domesticadas de la alteridad, con Otros que ya han sido neutralizados por el algoritmo.
Habitamos la paradoja digital: hiperconectados pero éticamente desconectados. Acumulamos seguidores mientras perdemos la capacidad de seguir realmente a alguien. Cada notification alimenta la ilusión de vínculo mientras confirma nuestra inmunidad ante la interpelación del rostro. Creemos conocer a otros cuando solo consumimos sus representaciones, prisioneros voluntarios de una sociabilidad que elimina sistemáticamente toda posibilidad de alteridad genuina.
Referencias: Levinas, E. (1974). Humanismo del otro hombre. Siglo XXI




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