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La maternidad del sujeto.

La responsabilidad es visceral, de entrañas. El sujeto tiene estructura maternal: llevar al otro dentro, nutrirlo con la propia sustancia.


La maternidad del sujeto.

La responsabilidad por el otro no es deber abstracto; es corporal, visceral, de entrañas. La palabra hebrea para misericordia —rajamim— viene de réjem, útero. La compasión es conmoción de las entrañas, sensibilidad maternal que carga al otro en el propio cuerpo. El sujeto ético tiene estructura maternal.

Esto no significa que todos sean madres, sino que la subjetividad tiene esta forma: llevar al otro dentro, nutrirlo con la propia sustancia, sufrir en carne propia su sufrimiento. La relación con el otro no es contemplación ni siquiera diálogo; es gestación. El otro habita en mí antes de estar frente a mí.

Quien ha sentido el dolor ajeno en el propio cuerpo —el estómago que se cierra, el pecho que se aprieta— conoce esta maternidad. No es metáfora; es la estructura de la sensibilidad. El sujeto es maternal no por elección sino por constitución. Llevamos a los otros en las entrañas, queramos o no. Referencias: Levinas, E. (1974). Humanismo del otro hombre. Siglo XXI

 
 
 

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