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El pluralismo y sus límites.

Si todas las culturas valen igual, ¿por qué elegir diálogo sobre guerra? El pluralismo no funda la paz. Algo anterior la orienta.


El pluralismo y sus límites.


La filosofía contemporánea celebra la multiplicidad: cada cultura dice el mundo a su manera, ninguna lo agota, ninguna lo traiciona. Los poetas que Platón expulsó regresan triunfantes. El respeto a las diferencias parece la forma más generosa de pensar. Todas las lenguas valen, todos los mundos son legítimos.


Pero si todas las culturas son equivalentes, ¿qué nos orienta hacia el diálogo en lugar de la guerra? ¿Por qué aprender la lengua del otro en vez de declararla bárbara? La coexistencia pacífica no se deduce del pluralismo. Requiere algo anterior: una orientación que las múltiples diferencias suponen sin poder fundar.


Cuando dos desconocidos se miran antes de pelear o de hablar, algo decide el rumbo. Ese algo no viene de ninguna cultura particular, ni de la suma de todas. Viene de antes: del rostro del otro que ya me está pidiendo algo. Ahí empieza el sentido. Referencias: Levinas, E. (1974). Humanismo del otro hombre. Siglo XXI

 
 
 

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