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La falla como brújula.

Tu síntoma no es tu enemigo. Es el único que todavía insiste en decirte algo que no quieres saber.


La falla como brújula.


El cuerpo sabe antes que la palabra. Una contractura que no cede, un insomnio que se instala, una angustia sin motivo aparente. Algo se atasca en un punto que la medicina no localiza y la voluntad no resuelve. No es debilidad ni falta de carácter. Es un saber que todavía no encontró su decir. Lo que no anda en el cuerpo es lo que insiste en ser escuchado.


Curioso mecanismo el del síntoma: queremos eliminarlo pero él nos sostiene. Sin esa molestia no habría pregunta, sin pregunta no habría movimiento. El malestar funciona como una brújula invertida: no señala hacia dónde ir sino desde dónde venimos. Lo que no anda marca el territorio de lo no dicho. Silenciarlo es perder el mapa.

La clínica actual recibe sujetos medicados hasta el silencio. Pastillas que apagan el ruido sin descifrar el mensaje. El análisis propone otra cosa: no callar lo que no anda sino hacerlo hablar. Ahí donde el síntoma grita, el sujeto puede comenzar a susurrar su verdad.


Psicoterapia
45min
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