El nudo que somos.
- Psicotepec

- 26 ene
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No hay yo antes del nosotros. El individualismo olvida su genealogía colectiva. La singularidad verdadera emerge de asumir lo que debemos a otros.

El nudo que somos.
La realidad psíquica del sujeto se despliega como nudo de relaciones y no como átomo aislado que luego se vincula. La ideología dominante presenta lo colectivo como amenaza para el individuo: masa que disuelve singularidades, pérdida de lo propio en lo común. Pero el psicoanálisis revela exactamente lo contrario: no hay individuo previo al vínculo, no hay yo anterior al nosotros, no hay singularidad sin la trama colectiva que la hizo posible como el hilo no existe fuera del tejido.
La autonomía verdadera, paradójicamente, emerge del reconocimiento de la deuda colectiva. Quien más firmemente se cree autosuficiente más ciegamente repite los mandatos que lo constituyen sin saberlo. Quien reconoce lo que debe a otros puede elegir qué conservar y qué transformar de esa herencia, como quien habita una casa heredada y la modifica sin negar a quienes la construyeron. El sujeto se singulariza no contra lo colectivo sino a través de él, no a pesar de los otros sino gracias a ellos.
La clínica contemporánea nos recuerda que la experiencia analítica es paradójicamente solitaria y social. El analizante trabaja en soledad con su palabra, pero descubre que esa palabra está hecha de voces de otros que la precedieron. El final del análisis no produce individuos autosuficientes sino sujetos que saben habitar lo colectivo sin perderse en él, ser singulares entre otros y no a pesar de ellos.
Referencia:
Parker, I. y Pavón-Cuéllar, D. (2021). Psicoanálisis y revolución: Psicología crítica para movimientos de liberación. Pólvora Editorial.




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